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Una vocación inesperada: de la belleza a las operaciones aéreas de la Policía Municipal

Sara Itzel Sánchez Robles tiene apenas 23 años y está por cumplir dos años como integrante de la Dirección de Seguridad Pública Municipal de Chihuahua. Hoy forma parte del Grupo de Operaciones Aéreas, pero su historia comenzó muy lejos de las patrullas, los operativos y las emergencias.

Antes de convertirse en policía, su vida estaba relacionada con el mundo de la belleza. Nunca estudió pensando en portar un uniforme ni tuvo desde niña el sueño de convertirse en agente. Sin embargo, algo en ella comenzó a llamar su atención cada vez que veía pasar una patrulla.

“Veía las patrullas en la calle, los veía uniformados y me encantaba cómo se veían. Yo decía: ‘¿Cómo me vería yo con un uniforme?’”, cuenta. Aquella curiosidad terminó convirtiéndose en una decisión.

El reto de ser una mujer policía

Ingresar a una corporación policial significó para Sara comenzar prácticamente desde cero y enfrentarse a un ambiente en el que tuvo que aprender rápidamente.

Pero también significó demostrar que una mujer puede desempeñar las mismas funciones y asumir los mismos riesgos que cualquiera de sus compañeros.

“Sí, el hecho de ser mujer crea un impacto. Tienes que demostrarle a la gente, a tu familia, a tus compañeros y a tus jefes que realmente te interesa y que sí puedes”, señaló a Entre Líneas desde el Hangar de la DSPM.

Durante sus primeros meses observó, aprendió y se preparó. Reconoce que tuvo que adquirir rápidamente conocimientos y habilidades que sus compañeros con mayor antigüedad ya dominaban.

Para ella, cada experiencia fue una oportunidad para demostrar su capacidad.

El machismo no ha desaparecido

Sara reconoce que, aunque las corporaciones cuentan actualmente con protocolos, cursos y capacitaciones, el machismo todavía puede aparecer. Lo ha visto y lo ha vivido.

Sin embargo, considera que una mujer policía también tiene que establecer límites y demostrar desde el primer momento que está preparada para realizar su trabajo.

“Es muy raro, pero sí se da. Solamente tienes que demostrar desde el principio que no lo vas a permitir y demostrar que sí puedes”, afirma.

Del narcomenudeo a los operativos desde el aire

En apenas dos años, Sara ha tenido contacto con escenarios que contrastan completamente con la vida que llevaba antes de ingresar a la Policía Municipal.

Ha atendido riñas, participado en acciones contra el narcomenudeo y pertenecido a un grupo enfocado en este delito.

Pero fue su incorporación a Operaciones Aéreas lo que llevó su trabajo a otro nivel.

Desde el helicóptero, las situaciones de riesgo se viven de una manera completamente distinta.

Persecuciones, personas armadas y búsquedas en zonas de difícil acceso forman parte de las situaciones que pueden presentarse durante sus jornadas.

Una búsqueda nocturna en Majalca

Entre las experiencias que más recuerda se encuentra un operativo reciente en Majalca.

El equipo acababa de regresar de un vuelo de rutina cuando recibió el reporte sobre una persona armada. No hubo tiempo para detenerse.

Tuvieron que recargar combustible rápidamente y volver a despegar.

En alrededor de 15 minutos llegaron a la zona.

Ya de noche, utilizaron visores de visión nocturna para realizar recorridos desde el aire y buscar a la persona, mientras en tierra se desplegaban unidades para apoyar el operativo.

Para Sara, la experiencia fue intensa.

“Es muy emocionante y es algo muy impactante porque no cualquiera lo vive y menos desde el aire”, relata.

Una joven detrás del uniforme

A simple vista, Sara podría parecer una joven más de 23 años. Sin embargo, detrás de su uniforme existe una mujer que decidió cambiar completamente el rumbo de su vida.

De trabajar en el mundo de la belleza pasó a enfrentarse a situaciones de riesgo; de preguntarse cómo se vería con un uniforme, pasó a formar parte de un grupo especializado que realiza operaciones desde un helicóptero.

Aún le queda una larga carrera por delante, pero en sus primeros dos años ya ha descubierto que ser policía no solamente significa portar un uniforme.

Significa aprender, resistir, vencer prejuicios y estar lista para acudir cuando alguien necesita ayuda.

Y para Sara Itzel, aquella curiosidad que comenzó al ver pasar una patrulla terminó convirtiéndose en una forma de vida.

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