Madrid. Después de seis días de un intensa agenda, que le llevó primero a Madrid, después a Barcelona, y finalmente a las Islas Canarias, el papa León XIV finalizó su primera visita oficial a España con un mensaje claro de defensa de la migración, con un llamado humanizar un fenómeno que también provocó tragedia y dolor. El líder religioso volvió a Roma después de un pequeño incidente en su avión que le obligó a retrasar su retorno una hora.
En su último acto, el papa León XIV volvió a reunirse con migrantes que han sufrido en carne propia la dureza de la travesía por el mar Mediterráneo, una de las más letales del mundo y que cada año se cobra la vida de miles de personas. “Todos, de algún modo, somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno”, aseguró ante los propios protagonistas de este fenómeno, que tiene entre sus epicentros las propias Islas Canarias, pero también hay otros escenarios donde se registran de forma cotidiana escenas de drama o represión, como la isla italiana de Lampedusa o la frontero norte de México con Estados Unidos.
Y así se dirigió el líder religioso ante los migrantes: “Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos. Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente”.
Robert Prevost apeló a que la conciencia humana “no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana”. E interpeló directamente a las mafias que trafican con seres humanos: “A quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio, ¡deténganse!. ¡Conviértanse!”
Después el papa León XIV se dirigió al aeropuerto, donde una pequeña avería le obligó a retrasar una hora su retorno a Roma, donde ya se encuentra de nuevo.










