Hay historias que rara vez salen de los muros de un Centro de Reinserción Social en el estado de Chihuahua. “N” es uno de los tantos rostros del abandono que habitan al interior de un CERESO. Sentenciado por un delito sexual agravado, hoy, a sus casi 80 años, permanece hospitalizado por una parálisis cerebral que le impide valerse por sí mismo. Abandonado por su familia, el hoy privado de la libertad, recibe cuidados básicos para preservar una vida digna mientras cumple una condena que aún está lejos de terminar.
En exclusiva para Entre Líneas, la Dirección Operativa del Sistema Penitenciario de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE), encabezada por Elmer Soto Villado, da a conocer que el Centro de Reinserción Social número 1 ubicado en el kilómetro 7.5 de Aquiles Serdán, alberga actualmente a 2 mil 807 personas privadas de la libertad: 2 mil 576 en el área varonil y 231 en la femenil.
Detrás de estas cifras también existe una realidad poco visible: internos que padecen enfermedades crónicas o terminales, quienes requieren atención médica permanente dentro del penal, mientras que hasta un 15 por ciento enfrenta el abandono de sus familias.

Más allá de la condena: predomina desde el cáncer hasta el VIH
El director operativo del Sistema Penitenciario chihuahuense informó que los Centros de Reinserción Social mantienen bajo atención médica permanente a personas privadas de la libertad que padecen enfermedades crónicas avanzadas e incluso cuadros considerados terminales, principalmente de cáncer, diabetes tipo 2, hepatitis, VIH e hipertensión arterial. Explicó que, aunque muchos de estos pacientes ya agotaron las opciones de tratamiento curativo en hospitales, continúan recibiendo atención médica dentro de los penales para garantizarles una calidad de vida digna.
“Muchos son trasladados a hospitales para diálisis, quimioterapias o radioterapias, pero después regresan al CERESO porque únicamente permanecen bajo monitoreo médico”, explicó.
Atención médica de primer nivel
El funcionario de la SSPE detalló que cuentan con servicios de primer nivel, incluyendo diálisis y un quirófano para procedimientos menores, mientras que tratamientos especializados como quimioterapia, radioterapia o cirugías de alta complejidad se realizan en hospitales externos mediante operativos de seguridad.
En el caso de internos con cáncer, explicó que son trasladados para recibir sus tratamientos y, al regresar, permanecen hospitalizados dentro del penal durante varios días para recuperarse de los efectos secundarios.
¿Carencias?
El capitalino reconoció que la principal necesidad del sistema penitenciario es incrementar la plantilla de personal, especialmente médicos y enfermeras.
Subrayó que la población penitenciaria prácticamente se duplicó desde el inicio de la actual administración, al pasar de poco más de cuatro mil personas privadas de la libertad a cerca de nueve mil a nivel estatal, mientras que el número de trabajadores permanece prácticamente igual.
Añadió que, aunque existen bonos de riesgo, los salarios no resultan suficientemente atractivos para que especialistas acepten laborar en un centro penitenciario.
Sin libertad y sin familia
Uno de los problemas más sensibles, es el abandono familiar que enfrentan personas privadas de la libertad con enfermedades graves. No existe una cifra fija debido a que la situación cambia constantemente; sin embargo, según la información oficial es que, entre el 10 y el 15 por ciento de esta población, vive prácticamente sin visitas o apoyo de familiares.
Soto precisó que este fenómeno ocurre tanto en hombres como en mujeres, aunque suele presentarse con mayor frecuencia en personas de edad avanzada que cumplen largas condenas, especialmente por delitos de carácter sexual. “Es un abandono paulatino; no sucede de un día para otro. Ellos mismos van aceptando esa realidad conforme pasa el tiempo”, agregó.
Entre camas de hospital y muros de concreto: adultos mayores
Un ejemplo es el caso presentado al inicio de este reportaje: un hombre de casi 80 años que padece parálisis cerebral y ha perdido la capacidad de valerse por sí mismo. Como él, otros internos con padecimientos graves reciben atención integral por parte de personal médico, trabajadores sociales y psicólogos, mientras que personas privadas de la libertad, previamente capacitadas como auxiliares, colaboran en labores de acompañamiento y contención emocional para prevenir cuadros de depresión, ansiedad o conductas suicidas.
Condena que termina en el olvido: del Semefo a la fosa
En caso del fallecimiento de un interno cuyo entorno familiar ya no exista o no responda a los llamados de la autoridad, el protocolo establece que el cuerpo sea entregado al Servicio Médico Forense (Semefo). El director explicó que previamente se notifica al Ministerio Público, jueces y tribunales correspondientes, además de realizar los intentos para localizar familiares registrados en el expediente.
Si nadie reclama el cuerpo, permanece el tiempo que marca la ley en el Semefo antes de ser inhumado conforme al procedimiento legal.
Beneficios preliberacionales para enfermos graves
El titular del sistema penitenciario señaló que, gracias a una mayor coordinación con el Poder Judicial del Estado de Chihuahua, algunos internos con enfermedades graves pueden acceder a beneficios preliberacionales.
Estos casos son analizados por la autoridad penitenciaria y posteriormente sometidos a consideración de un juez, quien puede modificar la medida para permitir prisión domiciliaria u otra modalidad de cumplimiento de la condena. No obstante, aclaró que uno de los principales obstáculos es la reparación del daño, ya que muchos internos no cuentan con recursos para cubrir las cantidades económicas impuestas por sentencia y eso, los mantendrá prisioneros, hasta que no paguen.

Sin estigma: internos con VIH reciben atención integral
Respecto a los internos que viven con VIH, aseguró que reciben atención médica especializada sin ser objeto de discriminación. Puntualizó que existen áreas de atención diferenciadas únicamente cuando las condiciones clínicas requieren mayores medidas de control para prevenir contagios, pero continúan participando en las actividades diarias y conviviendo con el resto de la población penitenciaria.
El cuerpo está privado de la libertad, pero la mente sigue siendo libre, expresó el director al destacar que se busca respetar plenamente los derechos humanos de estas personas.

Juventud y el cáncer: la otra realidad que los condena
Finalmente, Elmer Soto, reveló que, en el caso del cáncer, este no afecta únicamente a adultos mayores, pues actualmente existen internos de entre 18 y 25 años que reciben tratamiento oncológico. Asimismo, señaló que en el área femenil los casos más frecuentes corresponden a cáncer de mama y cáncer cervicouterino, por lo que de manera permanente se realizan campañas de detección oportuna mediante mastografías, exploraciones y pruebas de Papanicolaou, con apoyo de organizaciones civiles e instituciones de salud.
Entre la mente de la población reclusa
Dentro del sistema penitenciario en Chihuahua, la atención psicológica se basa en enfoques terapéuticos adaptados a las necesidades de la población privada de la libertad. Entre los principales destaca la terapia cognitivo-conductual (TCC), orientada a identificar y modificar patrones de pensamiento y conductas que favorecen la reincidencia o la violencia, fortaleciendo habilidades como el autocontrol, el manejo de emociones y la resolución de conflictos.
De acuerdo con especialistas colaboradores, este modelo también se complementa con técnicas de mindfulness para disminuir el estrés, la ansiedad y otros factores asociados al entorno penitenciario, como parte de una estrategia enfocada en la salud mental y el proceso de reinserción social.

Vigilancia de los derechos humanos no termina en prisión: CEDH
El secretario técnico ejecutivo de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, Ernesto Garnica, recordó a lectores de Entre Líneas que el organismo mantiene visitas permanentes a los Centros de Reinserción Social (CERESOS) del estado, tanto mediante sus visitadurías como a través del diagnóstico penitenciario anual. Explicó que la intervención de la CEDH también se da a petición de parte, cuando una persona privada de la libertad denuncia alguna presunta vulneración a sus derechos, principalmente relacionada con la falta de atención médica.
Hizo énfasis que, al recibir una queja, la CEDH realiza gestiones inmediatas con el personal médico del centro penitenciario para garantizar que el interno reciba tratamiento, medicamentos o, de ser necesario, sea canalizado al Hospital Central. En caso de que la atención no se brinde de manera oportuna, indicó que se inicia una queja formal, la cual es turnada a un visitador general para su seguimiento y, si se acredita una violación a los derechos humanos, la Comisión puede emitir una recomendación a la autoridad correspondiente. Concluyó que por el momento no han enviado alguna recomendación especifica.

Familia, eje fundamental para lograr la reinserción social
El director del CERESO número 1, Sergio Octavio Urbina, aseguró que la familia representa el pilar más importante para que una persona privada de la libertad pueda reincorporarse con éxito a la sociedad. Y es que el encargado de este penal, con una trayectoria de más de 24 años en el sistema policial y penitenciario, señaló que la experiencia le ha permitido comprender que los centros de reinserción son una pieza medular dentro de cualquier comunidad, ya que reflejan la realidad social de las ciudades.
Urbina Ramírez explicó que un sistema penitenciario sólido requiere del respaldo de la sociedad y, principalmente, del acompañamiento familiar, pues cuando se pierde la confianza en las instituciones, incluso los propios familiares terminan por abandonar a las personas privadas de la libertad. Si bien reconoció que factores como la educación, el empleo y el desarrollo personal contribuyen a la reinserción, enfatizó que ninguno sustituye el papel de la familia, al considerarla la base tanto de la sociedad como del sistema en mención.

Pido perdón, antes de morir
Don Alfredo, padre de quien mencionaremos por su inicial “D”, por cuestiones de protección a sus derechos humanos, comenta el tipo de enfermedad que tiene su hijo recluso de 43 años, el cual atraviesa una condena por homicidio agravado. A continuación, una breve entrevista que refleja el dolor y culpa por un pasado irreparable.
¿Qué delito cometió “D” y desde cuándo supo que tenía una enfermedad? —Mire mi chavo fue acusado de un homicidio hace aproximadamente 10 años, aquí en la ciudad. Él ya estaba malón, pero no sabía mucho de su vida, desde chamaco ya era harina de otro costal y justo cuando entró al CERESO, allá nos dijeron que era diabético y que tenía que recibir tratamiento especial para aguantarla ahí.
¿Considera que “D” recibe la atención adecuada al interior? —Sí, mijo es atendido bien.
¿Qué observación hace al sistema penitenciario de Chihuahua? —No pues nada, agradecerles por eso del chequeo a mi chavo, por brindar el medicamento que pues acá afuera si nos implica un costo porque cuando era libre no tenía seguridad social. Nosotros como familia, aunque no seamos la mejor (risa nerviosa), estamos atentos por si se nos pide algo en especial.
Con voz entre cortada, el señor de la tercera edad narró parte del pasado que le duele por la manera en que su hijo, ahora está tras las rejas y a la fecha, con esa incertidumbre de saber quién visitará a quién al rato… pero al cementerio.
¿Quiénes lo visitan y ven por él ahora que está privado de la libertad y enfrenta una condena superior a los 30 años? —Una de sus hermanas que vive allá en Vistas de San Guillermo, y yo.
¿Él nunca se casó? —Nomás estaba juntado, la mujer nomás le aguantó un tiempo.
¿Qué relación hay ahora con su hijo? —(Silencio)… Mi chavo no se esperaba que yo lo buscara. De mi parte hay arrepentimiento y mucha culpa que me voy a llevar al hoyo. Hemos platicado poco, cuando nos volvimos a ver, su mirada me dolió más que lo que me dijo.
¿Qué le dijo “D”? —No, pues solo sonrió con ironía y sus palabras fueron “¿Y tú qué?”. Luego pues fue todo un largo proceso. Ahora que los años y las enfermedades nos consumen, pues qué le digo, ambos vivimos en una prisión, pero cada quien a su modo. Ahora le puedo decir que ya nos damos un abrazo, pero pues ahí la llevamos con el tiempo, espero aguantarle poquillo más. Él mamá ya no tiene.
¿Qué le ha hecho reflexionar como padre de un PPL? —Pues mire, ahora sí que cada quien tiene una historia, ahora sí que tener a un familiar adentro no es nada fácil, creo yo que para la mayoría de quienes si visitamos a los parientes. Yo lo veo, he tenido la oportunidad de ir a visita. Muchas familias llegan con cara de esperanza, pero muchas veces, otros con un rostro de profunda tristeza, como me siento yo cada vez que piso ese lugar.
“Yo no puedo recuperar el tiempo perdido, yo le fallé como padre, al descuidarlo por años, ya pedí perdón y creo que todo se paga, mi hijo y yo, ahora creo, vivimos lo que merecemos”, concluyó,

Al final, los muros de una prisión no solo encierran a quienes cumplen una condena, también ponen a prueba la capacidad del Estado y de la sociedad para garantizar la dignidad humana. Cuando la enfermedad, el abandono y la privación de la libertad convergen en una misma persona, la reinserción deja de ser únicamente un mandato legal para convertirse en un desafío ético. Porque más allá del delito que los llevó tras las rejas, el respeto a los derechos humanos no debe extinguirse con la libertad, sino prevalecer como el principio que define el verdadero sentido de la justicia.










