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“No regresaremos”: jóvenes migrantes marroquíes en Ceuta se niegan a abandonar su sueño europeo

En medio del miedo, el frío y la larga espera de ayuda, jóvenes migrantes marroquíes no acompañados que duermen a la intemperie en Ceuta, se niegan a regresar a casa y compartieron sus historias con el medio France 24. 

Son las 2 de la madrugada, hora local, y un profundo silencio se cierne sobre la zona industrial de Tarajal en Ceuta. La oscuridad se rompe con las luces intermitentes de los coches de la Policía, mientras las olas rompen contra las costas de este enclave español en el norte de África.

“Estamos aquí en busca de un futuro mejor”

Reda, de 17 años, dice que llegó a Ceuta en busca de un futuro mejor. Tenía previsto presentarse a los exámenes de graduación de bachillerato este año y acababa de obtener un diploma en francés. También tenía previsto presentarse a las pruebas de selección de un equipo de fútbol.

Pero las precarias circunstancias en las que vivía lo obligaron a marcharse. “Estamos aquí en busca de un futuro mejor”, afirma.

Regresar a Marruecos no es una opción, insiste. “No regresaremos; no tenemos ningún deseo de volver”, subraya Reda, a pesar de sus difíciles condiciones de vida. Señala que los jóvenes que viven en las calles de Ceuta mantienen la esperanza de que Europa no los abandone.

“Mi amigo fue asesinado ante mis ojos”

Khaled relata cómo él y sus amigos fueron atacados por un grupo de jóvenes de El Príncipe, un barrio obrero en la zona sur del enclave. Sus agresores blandieron armas e intentaron robarles, cuenta, y varios de sus compañeros resultaron heridos y fueron trasladados al hospital.

Reda afirma que otro amigo fue asesinado durante un ataque en el mismo barrio. Los dos intentaron huir, pero su amigo tenía heridas en las piernas y no fue lo suficientemente rápido para escapar de sus atacantes. Recibió una herida mortal en el cuello.

“Mi amigo murió ante mis ojos; jamás olvidaré esa escena. Su sueño se desvaneció en un instante. En lugar de empezar una nueva vida, dejó este mundo”, lamenta Reda.

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La pesadilla de Manal

A pocos pasos de Reda y Khaled, Manal, una joven marroquí de 16 años, cuenta otra historia de pérdida y miedo. Explica que partió a pie de Tánger, ciudad del norte de Marruecos, hacia Tetuán, junto a un grupo de migrantes del África subsahariana, antes de llegar a Ceuta durante la última oleada de travesías.

“Si no me hubiera escondido, ahora estaría muerta”

Entonces se encontraron con un grupo de jóvenes armados, relata. “Nos escondimos en las alcantarillas y nos dispararon. Si no me hubiera escondido, ahora estaría muerta”, afirma. La pesadilla de aquel incidente aún la atormenta.

la vida no ha sido fácil para Manal, quien afirma que su padre nunca reconoció su paternidad y que vivió con su abuela antes de partir hacia Ceuta. “Siento que la vida me ha cerrado las puertas. No tengo ni ambición ni futuro”, dice.

Poco después de llegar a Ceuta, Manal cuenta que la Policía la trasladó a un centro para menores migrantes. Sin embargo, explica que la violencia en el centro la obligó a marcharse y que ahora prefiere pasar las noches a la intemperie.

Menores vulnerables: “una tragedia de pobreza extrema”

Durante nuestra entrevista con Manal, un joven sale de una tienda de campaña de cañas instalada cerca. Es evidente que nuestra conversación ha despertado a Mohammed, también de 16 años. Suspira y describe otra dificultad más para los migrantes que viven en los almacenes de Tarajal.

“No tenemos baños (…) Así que nos vemos obligados a hacer nuestras necesidades cerca del mar. E incluso para lavarnos, tenemos que usar agua de mar”, explica el joven de Larache, una ciudad del noroeste de Marruecos.

Los niños dependen de la comida que les proporciona la ONG Luna Blanca, con sede en Ceuta. Pero las comidas solo se distribuyen una vez al día.

Muchos niños aún conservan las marcas de las heridas sufridas durante su travesía a Ceuta hace casi tres semanas. La falta de higiene y de acceso a medicamentos ha provocado que algunas heridas se infecten. Muchos migrantes también padecen sarna y buscan desesperadamente medicamentos para aliviar el picor y el dolor.

Dos menores se desplomaron en la zona industrial en la tarde del 12 de agosto. Uno de ellos, debilitado por la falta de comida y agua, no pudo soportar el intenso calor de agosto. El segundo niño sufría de amigdalitis, que se había agravado por la falta de tratamiento, dejándole con dificultad para tragar. Mientras los dos niños yacían en el suelo, otros migrantes acudieron rápidamente al lugar, pidiendo ayuda a gritos y exigiendo una ambulancia, que tardó en llegar.

Raúl Arnaiz, director de programas de Save the Children en España, describe la situación en los almacenes de Tarajal como “una tragedia de pobreza extrema”.

Estos menores no acompañados corren el riesgo de sufrir agresiones sexuales y explotación, dada la falta de vigilancia nocturna en una zona industrial prácticamente desierta, advierte.

Un destino incierto

En las primeras horas de la madrugada, comienza un nuevo viaje. A las 5 de la mañana, cientos de menores se congregan frente a la comisaría de Ceuta con la esperanza de inscribirse e ingresar al sistema de protección. Pero las colas son largas, ya que las autoridades españolas intentan gestionar el enorme volumen de solicitudes. Alrededor de mil 400 menores se han inscrito hasta el momento, según el ministro español de Política Territorial, Ángel Víctor Torres.

Las autoridades marroquíes y españolas quieren priorizar la reunificación familiar y repatriar a los menores a Marruecos. Pero no es un procedimiento sencillo. La ley española prohíbe cualquier repatriación colectiva de menores no acompañados y cada caso debe evaluarse individualmente.

Dado que los menores no están sujetos a los mismos procedimientos que los adultos, no pueden ser repatriados automáticamente, explica Basem Salem, abogado de inmigración especializado en casos de asilo. En primer lugar, debe establecerse la identidad de los menores, examinarse su situación y verificarse sus circunstancias familiares, respetando siempre las garantías legales y el interés superior del niño.

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