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La condena de José: 33 años de prisión y una esperanza que no se extingue

Mide casi 1.80 metros de estatura. Su piel está marcada por una serie de tatuajes que cuentan fragmentos de una vida forjada entre las calles y la prisión. Dentro del Centro de Reinserción Social (Cereso) de Aquiles Serdán, todos lo conocen como El Cholo 18, aunque su nombre es José Lozano Sores.

Tiene 46 años. Nació en Michoacán, pero creció en Estados Unidos, donde transcurrió gran parte de su infancia y juventud. Desde 2003 permanece privado de la libertad, cumpliendo una sentencia de 33 años que, asegura, cambió por completo el rumbo de su vida.

En una entrevista exclusiva con Entre Líneas, José rompe el silencio para hablar de las heridas que no dejan cicatriz visible: el abandono de su familia, más de dos décadas sin saber de sus tres hijos, la lesión que casi le cuesta una pierna dentro del sistema penitenciario y la esperanza que aún conserva de volver algún día a caminar en libertad.

¿Cuál es tu nombre completo y cómo te conocen dentro del CERESO? —Mi nombre es José Lozano Sores y aquí me dicen El Cholo 18.

¿De dónde eres originario?—Nací en Michoacán, pero me crié en California. Allá viví desde que era chavalo, fui a la escuela y prácticamente toda mi vida la hice en California.

¿Cuántos años tienes y cuánto tiempo llevas en prisión? —Tengo 46 años. Estoy preso desde 2003. Me trajeron desde Tijuana.

¿Qué delito estás pagando? —Se me acusa de secuestro. Yo digo que no fue así, pero en ese tiempo era de los delitos más castigados.

¿De cuánto fue tu sentencia? —Treinta y tres años.

La lesión que casi le cuesta la pierna

Además de la prisión, ¿qué problema de salud limita tu movilidad? —Traigo muy madreado el tobillo. Tengo una placa que me pusieron hace más de 20 años.

¿Cómo ocurrió esa lesión? —Por la vagancia. Me brinqué una barda en Las Vegas, Nevada, caí mal y ya no me pude levantar. Un hombre que iba en bicicleta me ayudó y después desperté en un hospital todo enyesado.

Con el paso de los años olvidó aquella lesión hasta que fue trasladado al penal de Parral

“Un día amanecí con mucho dolor. Me di cuenta de que ya me salía pus porque la placa ya no servía. Un comandante pidió que me revisaran de urgencia aquí, porque allá me habían checado varias veces, pero la neta no me hacían caso”.

¿Qué ha sido lo más difícil de vivir con esa lesión? —La verdad aquí en Chihuahua estoy agradecido. Ya me quitaron la placa, que era lo que más me molestaba. Me drenaba todo el tiempo y no andaba a gusto.

¿Consideras que has recibido atención médica suficiente en el sistema penitenciario de Chihuahua? —Aquí en Chihuahua sí.

El hombre sin nadie

¿Quién te visita o procura desde el exterior? —Nadie. No tengo a nadie aquí, ni en México. Estoy solo.

¿Desde cuándo no sabes de tu familia? —Ya llevo como 24 años, prácticamente todo el tiempo que llevo encerrado.

¿Cómo enfrentas esa ausencia? —Nomás echarle mente. Uno sabe que cuando anda afuera esas cosas pueden pasar. Ya depende de cada quien cómo quiera tomarlo.

¿Y tú cómo lo tomas? —(Silencio)… Pues normal.

¿Tienes hijos? —Sí. Tengo tres chavalos: dos mujeres y un hombre. Nacieron en Las Vegas. Ya están grandes, pero no sé nada de ellos.

Si ellos pudieran escucharte, ¿qué les dirías? —Simplemente que aquí he estado para lo que ocupen.

“Delincuentes con traje y otros con tatuajes”

¿Qué ha cambiado en ti después de tantos años en prisión? —Cambia mucho. Al principio pensé que nunca iba a salir. Pero dos de mis compañeros de causa ya recuperaron su libertad hace como un año.

¿Has sufrido abusos durante tu proceso legal? —Sí. Un abogado allá en Parral me robó.

¿Qué reflexión te deja esa experiencia? —Hay una diferencia: unos son delincuentes con traje y otros con tatuajes. Yo le pagué para que hiciera su trabajo, no le pedí nada regalado. Él me robó teniendo un diploma.

Aceptar una larga condena

¿Cuál fue el momento más difícil para aceptar una sentencia de más de tres décadas? —Es difícil porque cada quien viene de una historia diferente. A unos los adoptó la calle, a otros la vida les dio la espalda y otros vienen de una familia. En mi caso ya tengo muchos años sin saber qué es tener una familia… sí está muy difícil.

Fortaleza al paso del tiempo

Después de tantos años y con una lesión física, ¿te sigues sintiendo fuerte? —Sí. Ya no puedo hacer lo mismo que antes, pero todavía me siento bien.

¿Estás agradecido con alguien? —Sí. Con la atención médica que recibo aquí. Si no me hubieran traído, no sé cómo estaría mi pierna izquierda.

La esperanza sigue viva

Si mañana te dijeran que puedes recuperar tu libertad, ¿Qué harías? —Mi meta es volver a las calles. Ya vi que dos de mis compañeros, con la misma causa y la misma sentencia, salieron hace como un año. Eso me da esperanza. Si me hubieran dado más años los hubiera aguantado callado, pero nos dieron la misma condena a los cuatro. Por eso sigo pensando que algún día también me tocará salir.

Cabe mencionar que, en esta entrevista, estuvo presente el director del Cereso número 1, Sergio Octavio Urbina Ramírez, quien aprovechó el momento para contar una anécdota del propio José, cuando una vez apareció en los medios de comunicación en el municipio de Parral, donde dijeron que se había fugado del hospital. Y pese a las movilizaciones y todo el escándalo hecho, había sido falso, pues le era imposible caminar por la grave lesión en el tobillo que anteriormente comentó.

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