Detrás de un uniforme, de un arma y de la responsabilidad de responder a una emergencia, también existe una persona que siente, que se quiebra y que carga consigo las historias que encuentra todos los días en las calles.
Julio Salas, comisario de la Dirección de Seguridad Pública Municipal (DSPM), reconoció que la labor policial no solamente exige preparación física y táctica, sino también fortaleza emocional, pues quienes integran la corporación están expuestos de manera constante a situaciones que pueden dejar huellas profundas.
“Muchas veces vemos muchas cosas en la calle y creemos que no nos afecta, pero ahí es donde está la afectación”, señaló, al advertir que uno de los principales riesgos es asumir que los policías deben comportarse como si fueran “superhéroes”, cuando en realidad son personas.
De siete a ocho habilidades: la salud mental entra a la formación policial
Salas explicó que anteriormente los elementos de la corporación debían cumplir con siete habilidades como parte de los requisitos de permanencia, entre ellas capacidades relacionadas con la condición física y el manejo de armas.
Sin embargo, por instrucción del alcalde Marco Bonilla, se incorporó una octava habilidad: la salud mental.
Con ello, todos los integrantes de la corporación deben pasar por procesos de evaluación y capacitación que permitan atender no solamente sus capacidades operativas, sino también su bienestar psicológico.
El cambio representa, dijo, reconocer que la preparación de un policía no termina en aprender a correr, disparar o reaccionar ante una emergencia: también implica aprender a enfrentar emocionalmente aquello que vive durante su servicio.
Siete psicólogos para policías, bomberos y sus familias
Como parte de esta estrategia, la DSPM creó un área de atención psicológica especializada para sus elementos.
Actualmente, la corporación cuenta con siete psicólogos exclusivos para atender a policías y bomberos, así como a sus familias.
Salas destacó que esta atención también busca vencer una barrera que durante años ha acompañado a las corporaciones de seguridad: la dificultad para reconocer que se necesita ayuda.
“Hay que decirlo, no se quiere tratar en casa”, señaló el comisario, al referirse a las resistencias que pueden existir para hablar de los problemas emocionales.
Por ello, explicó que la administración municipal decidió asumir también la atención psicológica de los integrantes de las familias de policías y bomberos, bajo la premisa de que el bienestar del elemento también está relacionado con el entorno al que regresa después de una jornada de servicio.
Una herida que permanece en la memoria de la corporación
Durante los cinco años que ha estado al frente de la corporación, Salas reconoció que también se han presentado casos de elementos que han atravesado crisis emocionales graves.
Recordó particularmente el caso de una compañera que, años atrás, intentó privarse de la vida y que posteriormente falleció.
Sin entrar en mayores detalles por respeto a su memoria, el comisario reconoció que este tipo de acontecimientos dejan una profunda huella entre quienes forman parte de la corporación. “Sí cala, lastima mucho”, expresó.
El recuerdo de aquella compañera también sirve como un recordatorio de que la salud mental no puede ser considerada un tema secundario dentro de una institución cuyos integrantes enfrentan cotidianamente situaciones límite.
“No somos superhéroes”
Para Salas, uno de los mayores retos es cambiar la idea de que un policía debe soportarlo todo en silencio. “Es bien difícil la vida de un policía, es súper complicado”, afirmó.
Los elementos pueden pasar de una emergencia a otra, presenciar accidentes, homicidios, violencia, dolor y tragedias familiares, y posteriormente regresar a casa intentando continuar con su vida cotidiana.
El problema, explicó, es que muchas veces todo aquello que se observa y se vive durante el servicio termina acumulándose. “Creemos que somos superhéroes y no, la verdad somos personas”, afirmó.
Sensibilizar al policía también es salvar vidas
Actualmente, la DSPM mantiene una campaña de sensibilización dirigida a los elementos y, de manera especial, a sus familias, para que aprendan a identificar señales de alerta y comprendan que pedir ayuda psicológica no representa una debilidad.
La apuesta es que ningún policía tenga que enfrentar solo aquello que lleva consigo después de una jornada de trabajo. Porque detrás de cada elemento que sale a patrullar hay una persona que también tiene miedo, cansancio, recuerdos, familia y heridas que no siempre son visibles.
Y para una corporación acostumbrada a salvar vidas en las calles, aprender a cuidar la salud mental de quienes portan el uniforme puede ser también una forma de salvar las vidas que permanecen detrás de él.









