La paternidad comprometida desempeña un papel importante en el desarrollo emocional y psicológico del niño. Según investigaciones, los niños que crecen sin la presencia y disponibilidad de su padre tienen mayor riesgo de presentar baja autoestima, bajo rendimiento académico y dificultades para establecer relaciones saludables.
Las investigaciones demuestran que los niños que crecen con una figura paterna distante, desinteresada o poco involucrada son más propensos a tener baja autoestima, problemas de conducta y dificultades para establecer vínculos seguros con otras personas en su vida.
Sin embargo, es importante aclarar que muchos de estos resultados suelen estar asociados con la pérdida o ausencia del padre, especialmente en casos de abandono, negligencia o participación inconsistente. Los niños criados en familias amorosas y estables con dos madres, un padre monoparental por elección propia u otras familias diversas no corren el mismo riesgo inherentemente.
Impacto de la ausencia paterna continúa en la adultez
Muchos adultos descubren que crecer sin el amor y el apoyo de un progenitor específico puede afectarlos hasta bien entrada la edad adulta. Aunque la investigación suele centrarse en el desarrollo de los jóvenes, la ausencia de un progenitor nos afecta durante toda la vida.
Muchos pacientes que acuden a terapia, experimentan una constante sensación de que “algo falta” o muestran comportamientos que buscan satisfacer esa necesidad a través de sus relaciones, ya sea complaciendo a los demás, apegándose excesivamente a parejas emocionalmente inaccesibles o incluso poco saludables, o sintiéndose constantemente indignos de un amor sano. Observo que otros evitan las relaciones por completo, probablemente por miedo al rechazo o por sentirse incómodos con la vulnerabilidad que conlleva la intimidad.
Aunque el campo de la salud mental amplía nuestro conocimiento y comprensión sobre la importancia de los padres que brindan apoyo, sin importar su género, sigo escuchando mensajes sobre la normalización de la ausencia paterna, especialmente entre mis pacientes de generaciones anteriores. Comentarios como “bueno, todos hemos pasado por eso” son comunes, y a menudo se desestiman sus experiencias. Cuando una experiencia se normaliza colectivamente, a menudo se pasa por alto como un trauma.
Información tomada de: psychologytoday










