A las 19:47 horas del 13 de mayo, el teléfono de Iván Hernández sonó. Tenía 47 años y hasta ese momento su vida transcurría como la de cualquier padre: trabajo, familia y una hija a la que llamaba su princesa. Lo que escuchó aquella noche habría de partir su vida en dos.
Del otro lado de la línea estaba uno de los mejores amigos de Karla. La voz del joven estaba entrecortada. “Señor, tiene que venir al departamento de Karlita”. Iván sintió que algo no estaba bien. —¿Qué pasó?, dime qué pasó—, preguntó desesperado. La respuesta llegó en apenas tres palabras, pero para él se convirtieron en una herida que, once años después, todavía no termina de cerrar: —Se nos fue—.
Era su única hija. Iván y su esposa habían decidido no tener más hijos porque, según recuerda, para ellos ella lo era todo. “Nada le faltaba”, cuenta desde Cuauhtémoc para Entre Líneas. La recuerda entusiasmada, llena de planes y con la intención de estudiar enfermería. Nunca vieron una señal que les hiciera pensar que su hija estaba atravesando por un dolor que no alcanzaban a mirar.
Karla había comenzado a hablar de independizarse. Sus padres, aunque con el temor natural de verla alejarse, aceptaron. Seguían viviendo en la misma ciudad y mantenían contacto con ella. Con el tiempo supieron que tenía una relación con un joven que no terminaba de convencerlos. “Tenía algo”, recuerda Iván. Pero nunca imaginaron que detrás de aquella vida aparentemente cotidiana se escondía una batalla que terminaría arrebatándoles a su única hija.
Cuando Iván llegó al departamento, la encontró suspendida. La escena quedó grabada en su memoria para siempre. No hubo despedida, explicación ni oportunidad de preguntarle qué le estaba pasando. Solo quedó el silencio y una pregunta que durante más de una década ha acompañado a su padre: ¿por qué? Hasta ahora no sabemos las razones, dice.
Once años han pasado desde aquel 13 de mayo. Para el calendario puede parecer mucho tiempo; para Iván, los días después de la muerte de Karla han transcurrido de otra manera. “Han sido lentos y todavía amargos”, comparte.
El tiempo no borró su recuerdo. Tampoco respondió las preguntas. Iván continúa hablando de ella como la niña que fue, como la joven que tenía planes, como su única hija y como aquella “princesa” a la que sus padres creían conocer completamente. Pero también aprendió una de las lecciones más dolorosas del duelo por suicidio: a veces una familia puede amar profundamente a una persona y aun así no alcanzar a ver el sufrimiento que lleva por dentro.
Hoy, en el marco del Día Mundial a la Prevención del Suicidio, Iván no cuenta la historia de Karla solamente para recordar su muerte. La cuenta porque detrás de cada estadística sobre suicidio existe un nombre, una familia y una ausencia que no termina cuando se cierra una tumba. En su caso, esa ausencia tiene nombre propio: Karla.
Suicidios sin tregua
De acuerdo con información oficial de la Secretaría de Salud Estatal, Chihuahua se posicionó el año pasado como la entidad con la tasa de suicidios más alta del país por cada 100 mil habitantes, colocándose en el primer lugar nacional, por encima de Quintana Roo, Aguascalientes y Yucatán, entidades que ocuparon los siguientes sitios en este indicador. La cifra coloca al estado ante uno de los mayores desafíos en materia de salud mental y prevención de la conducta suicida.
237 historias truncadas: hay crisis
En el estado más grande del país, la cifra vuelve a encender las alarmas: 237 personas han perdido la vida por suicidio durante los primeros seis meses de 2026, un número que mantiene una tendencia similar a la registrada en el mismo periodo del año anterior y que retrata una crisis que continúa cobrando vidas.
El problema no se limita a una estadística. En 2025 fueron 476 los suicidios registrados en el estado, aunque la cifra representó una disminución frente a los 545 casos de 2024. Detrás de cada número existe una historia, una familia y una ausencia que permanece.
Los grupos de edad más afectados revelan además el peso de esta problemática entre adolescentes y adultos jóvenes: las personas de 30 a 34 años concentran 13.1% de los casos, seguidas por quienes tienen entre 20 y 24 años, con 11.8%; de 25 a 29 años, con 11%; de 35 a 39 años, con 10.1%, y de 15 a 19 años, con 8%.
Para el director del Instituto Chihuahuense de Salud Mental, Javier González Herrera, la depresión y la ansiedad figuran entre las principales causas relacionadas con el suicidio, particularmente entre los jóvenes. Son cifras que obligan a mirar más allá de los números y preguntarse qué está pasando con una sociedad en la que cada vez más personas sienten que no encuentran una salida a su dolor.
Aquí, 90 muertes en ocho meses
Agosto dejó una cifra que estremece: 15 personas se quitaron la vida en un solo mes. Catorce eran hombres y una mujer. Detrás de cada caso quedó una familia, una ausencia y un dolor que no termina con el cierre de una estadística.
De enero a agosto de 2026, Chihuahua acumula 90 suicidios, ocho más que los 82 registrados durante el mismo periodo del año pasado. De acuerdo con Luis Arrieta, titular del Instituto Municipal de Prevención y Atención a la Salud (IMPAS), el comportamiento de este año resulta particularmente preocupante, luego de que en 2025 se había observado una disminución en los casos. La estadística también dibuja un rostro: los hombres concentran la mayoría de las muertes registradas en agosto, una situación que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de romper con los silencios, estigmas y resistencias que todavía existen alrededor de la atención de la salud mental.
“Estos no son solamente cifras, no son solamente números, son personas que nos preocupan”, enfatizó el funcionario capitalino, al advertir que la prevención no puede comenzar cuando la crisis ya llegó al límite. El llamado es a buscar ayuda psicológica, hablar del dolor y permitir que profesionales intervengan antes de que una persona considere que ya no existe salida.
El IMPAS cuenta con la linea de atención en crisis *800, o llamar al 072 además de recibir directamente a personas en sus oficinas de la calle Sexta y Mina. Arrieta relató que algunos pacientes han llegado por iniciativa propia; ahí reciben contención y, cuando se detecta una situación de riesgo, se busca incluso la intervención inmediata de psiquiatras colaboradores para iniciar un tratamiento.
El desafío no es solamente reducir una cifra: es evitar que la próxima estadística tenga un nombre. Por ello, el funcionario llamó a mantener una coordinación permanente entre las instituciones municipales y estatales y, sobre todo, a que familiares, amigos y compañeros aprendan a mirar las señales de alerta y a escuchar sin juzgar.
En Chihuahua, 90 personas ya no tendrán una segunda oportunidad. La prevención busca que alguien que hoy está sufriendo sí la tenga.
No podemos dejar todo en manos de una sola institución: antropólogo llama a unir esfuerzos contra el suicidio
Desde una perspectiva social, la prevención del suicidio requiere mucho más que acciones aisladas de las instituciones gubernamentales. El antropólogo social Francisco Javier Ramírez Ontiveros consideró indispensable que las dependencias se acerquen entre sí, pero también a los especialistas y a la propia sociedad, para construir estrategias que respondan realmente a las condiciones que rodean el fenómeno.

Advirtió que el protagonismo institucional puede terminar por opacar los esfuerzos que podrían realizarse de manera conjunta: “Cada institución quiere decir desde su propia trinchera: ‘yo lo hice’”, señaló. Por ello, planteó la necesidad de una comunicación real entre dependencias, psiquiatras, psicólogos y demás personal especializado, pues sus conocimientos pueden contribuir a una prevención más efectiva.
El experto sostuvo además que la sociedad debe involucrarse y tener mayor interés en el tema, acompañado de una divulgación constante que permita comprender el suicidio no solamente como un problema individual, sino como un fenómeno social que exige escuchar, prevenir y actuar colectivamente.

Al final, el suicidio no puede explicarse únicamente con una cifra, un diagnóstico o una estadística. Detrás de cada muerte hubo una historia, una persona que cargó un dolor que quizá nadie alcanzó a ver y una familia que quedó intentando reconstruir su vida después de la ausencia, como fue el caso anteriormente narrado de Karla H. Ch.
Chihuahua puede seguir contando muertos, comparando porcentajes y esperando que la curva descienda; pero mientras la prevención llegue después de la crisis, seguirá siendo insuficiente. El verdadero desafío está en aprender a escuchar antes del silencio definitivo, en reconocer que pedir ayuda no es una debilidad y en entender que la salud mental no puede seguir relegada a un segundo plano.
Porque prevenir el suicidio no significa solamente evitar una muerte: significa lograr que una persona, en el momento más oscuro de su vida, encuentre una razón para quedarse. Y esa responsabilidad no pertenece a una sola institución; nos corresponde a todos.

Hoy 10 de septiembre, Entre Líneas conmemora el Día Mundial de la Prevención al Suicidio y rinde homenaje a todas y todos aquellos que se adelantaron en el camino.










