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El mito del azúcar y el ejercicio: la acusación de Robert Lustig a la industria alimentaria

La evidencia apunta a que el financiamiento empresarial influyó en la investigación sobre el azúcar, mientras nuevos estudios muestran que el gasto de energía no aumenta de forma proporcional al ejercicio.

El neuroendocrinólogo Robert Lustig lleva más de una década cuestionando la forma en que se explica la obesidad y sostiene que la recomendación de comer menos y hacer más ejercicio ha servido para desviar la atención del papel que tiene la industria alimentaria en el consumo de azúcar. 

Según su planteamiento, la fructosa y la respuesta de la insulina en el organismo son factores centrales para entender el aumento de peso. 

Sin embargo, aunque existen investigaciones que respaldan sus señalamientos sobre la influencia de las empresas en el debate nutricional, algunos de sus argumentos científicos necesitan matices.

Las declaraciones de Lustig, difundidas en una entrevista en YouTube, reabren una discusión sobre qué influye realmente en la obesidad: la cantidad de calorías, la composición de los alimentos, las hormonas o el nivel de actividad física. 

La evidencia que presenta también permite revisar hasta dónde llegan sus explicaciones y qué aspectos todavía no están demostrados.

Cómo la industria alimentaria influyó en el debate sobre el azúcar

Uno de los señalamientos de Lustig tiene respaldo en investigaciones que documentaron cómo empresas del sector financiaron estudios para influir en la discusión científica sobre la alimentación.

Un análisis publicado en 2016 en la revista JAMA Internal Medicine examinó documentos internos de la Sugar Research Foundation, organización que financió investigaciones sobre las causas de las enfermedades coronarias durante la década de 1960.

Los documentos mostraron que, en 1965, la organización patrocinó una revisión científica que destacó el papel de las grasas y el colesterol como factores de riesgo, mientras restaba importancia a las pruebas que relacionaban el consumo de azúcar con estas enfermedades. Además, la financiación y la participación de la industria no fueron declaradas en la publicación.

El análisis también encontró que la organización intervino en la selección de los artículos incluidos y recibió borradores de la revisión antes de su publicación.

Otro caso ocurrió décadas después con Coca-Cola y la Global Energy Balance Network (GEBN), una organización que recibió financiamiento de la compañía.

Una investigación publicada en 2018 en Journal of Epidemiology and Community Health revisó documentos internos de la empresa y encontró que Coca-Cola buscaba impulsar un mensaje centrado en el equilibrio entre las calorías consumidas y las gastadas mediante actividad física.

La estrategia pretendía “cambiar la conversación” sobre las causas de la obesidad, dando mayor importancia al ejercicio y al gasto energético, en lugar de concentrar la discusión en la alimentación y el consumo de bebidas azucaradas.

Estos antecedentes muestran que sí existieron estrategias empresariales para influir en la manera de comunicar los riesgos relacionados con el azúcar y la obesidad.

¿Hacer más ejercicio no es suficiente para bajar de peso?

Lustig cuestiona que el ejercicio sea presentado como la principal solución para combatir la obesidad. Su argumento parte de investigaciones que señalan que el organismo puede adaptarse a un mayor nivel de actividad física y compensar parte de la energía gastada.

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