Tras la polémica por el concierto de septiembre pasado, Aleks Syntek habla en exclusiva con Quién sobre su salud mental, los años de desgaste emocional y el impacto de las controversias en su familia.
Hay noches que terminan cuando se apagan las luces en el escenario, hay otras que comienzan cuando el artista se queda solo, lejos del ruido y del público. Para Aleks Syntek, la del pasado 15 de septiembre fue una de esas noches que no se terminan al bajar del escenario.
Aleks Syntek habla de la polémica de su concierto del 15 de septiembre
Durante un concierto en la en la explanada de la Alcaldía Benito Juárez como parte de los festejos patrios, el cantante interrumpió su presentación para expresar su enojo ante el público.
Los videos de aquella noche se multiplicaron y en cuestión de horas se viralizaron. ¿La consecuencia inmediata? Críticas que no tardaron en llegar y en acumularse. Pero detrás de la polémica, hay una historia que, según cuenta, llevaba años acumulándose.

“Juzgarme por una noche se me hace un poco cruel, porque yo soy una persona que ha vivido cosas que durante diez años que me tenían inconforme y que me llevaron hasta el punto del hartazgo. Considero que en el medio artístico, mi gremio tiene un grave problema de emociones fragmentadas”, cuenta.
“Somos endebles emocionales los artistas y por lo cual la salud mental de nosotros siempre está en riesgo”, agrega.
Después de la tormenta mediática, Alejandro Escajadillo, nombre real del músico, habla de una palabra que parece pesar más que cualquier reconocimiento: paz. No menciona premios ni cifras de reproducciones cuando intenta explicar qué necesita ahora.
“Yo no busco dinero, no busco fama. Ya la tuve. Yo ya tuve aplausos. Y yo no soy un quejique, como dicen, que me quejo de todo”, comenta. Lo que quiere, asegura, es poder seguir trabajando sin que la hostilidad se convierta en el centro de su vida.
La crisis emocional de Aleks Syntek: las polémicas que marcaron su vida
A sus 57 años y después de treinta y cinco años de carrera, Syntek está acostumbrado a que su música sea escuchada, discutida y criticada. Lo que dice que dejó de soportar fue la sensación de que, cada vez con más frecuencia, el ruido alrededor de su nombre terminaba por imponerse a las canciones.
El cantante sostiene que aquella noche de septiembre su molestia se dirigió a un grupo de personas que, según su versión, estaba incomodando a las familias que asistieron al evento. Niega que su intención fuera enfrentarse con sus seguidores y asegura que, después del momento de tensión, bajó a cantar y se acercó al público. Su relato, desde luego, convive con las imágenes que circularon y con las críticas que recibió por su comportamiento durante el concierto.
“Fue una incomodidad social donde vi que chicos estaban alcoholizados y que entraron a este evento simplemente para molestar a las familias, a los papás, a los abuelos y a los niños. Y cuando yo dije, cállate, soy el tío Sintek, le estaba hablando a ellos, a los que estaban agrediendo gente, no al público. Hubo una confusión muy clara”, asegura.

“Estaba cansado. Estaba iracundo ese día”, reconoce. También admite que quizá se equivocó al aguantar durante tanto tiempo los insultos y los desprecios que, asegura, ha enfrentado en los últimos años. “Creo que me equivoqué en aguantar tantos años insultos y desprecios ”, señala. “Es imposible defenderme con música si cada vez que saco una canción apagan mi música con ruido”, afirma.
Para él, el problema no está en que todos tengan que estar de acuerdo con su trabajo, sino en que la conversación sobre su carrera termine reducida a la polémica.
El episodio también reavivó el recuerdo de las controversias que lo han acompañado desde 2018. “A mí me impactó mucho que Daniel Bisoño, que en paz descanse, se atreviera a señalarme con un tipo que había intentado abusar de un menor de edad. Eso me hizo mucho daño porque yo soy un padre muy cercano a mis hijos y que ayudo a muchas causas de niños. Yo ayudaba a UNICEF, ayudaba a Save the Children. Y el día que me señalaron, me perjudicaron tanto, que me corrieron de todas estas instituciones, es cierto, y me humillaron”, reconoce.
“Y eso me dolió mucho, me trastornó. Luego vino la pandemia. Y en la pandemia yo todavía me pregunto cómo no salí y me colgué de un árbol. Porque perdí mucha gente. Muchos de mis amigos se suicidaron en la pandemia”, asegura.
Syntek cuenta que aquel periodo tuvo consecuencias en su vida emocional y que comenzó a tomar ansiolíticos, una experiencia que, según su testimonio, le afectó de manera importante. Habla de ello como parte de un proceso personal complejo, no como una explicación que borre lo ocurrido el 15 de septiembre. Hoy dice haber buscado otras formas de atenderse a pesar de que su psiquiatra le recomendó internarse en una clínica de salud mental por seis meses, pero reconoce la importancia de recibir orientación profesional.

“¿Por qué nos quieren encerrar para curarnos? Esas son prácticas arcaicas del siglo XVIII. Nada más falta que nos hagan lobotomía. O sea, creo yo que el amor lo cura todo·, comenta sobre las recomendación del médico.
Al buscar ayuda, se vio reflejado en el caso de otros famosos que han pasado por las mismas crisis de salud mental, como el comediante Ricardo O’Farrill, pero la salida era la misma: un internamiento. Y no fue hasta que su hija Natalia, quien se desarrolla como actriz, dio con Fer Núñez, psicólogo al que Syntek le dio la oportunidad de acompañarlo en este proceso.
“Mi hija me presentó a Fer Núñez, porque desesperada buscó a Ricardo O’Farrill y mucha gente que tuvo crisis en el medio artístico. Y todo el mundo apuntó a Fer Núñez como el indicado para poder sacarme adelante sin tener que internarme”, confiesa.
La paz que ahora dice buscar, contrasta fuertemente con la convicción que durante años ha defendido, especialmente cuando habla de las tendencias musicales que, a su juicio, han perdido géneros como el pop, el rock, el jazz y el bolero. No reniega de la música que domina las listas ni dice que todos deban escuchar lo mismo. Su reclamo es otro: que haya lugar para más voces y que el éxito de una tendencia no signifique la desaparición de las demás.
“Lo contrario al amor no es el odio, es la indiferencia”, afirma. En esa idea resume una parte importante de su malestar: para él, ser rechazado es doloroso, pero sentirse ignorado como músico puede ser todavía más difícil. Menciona que hubo un tiempo en el que sentía que hacía canciones “para la pared”, como si su trabajo ya no encontrara a quién llegar.
Aleks Syntek habla de su familia y pide perdón por las consecuencias de la fama
Si hay un lugar al que Aleks Syntek vuelve una y otra vez durante la entrevista, es su casa. Habla de la madre de sus dos hijos, con quien compartió 25 años de matrimonio, a quienes describe como su principal sostén. También reconoce que la exposición pública no se queda en él: alcanza a las personas que ama, incluso cuando no han elegido formar parte de la conversación.
“Los más importantes, mis hijos. Mis hijos han sido mi sostén y han sido mi torre. No sé qué haría sin mis hijos. Y los amo tanto que ya no me importa ser más famoso que ellos”, señala.
Al hablar de quienes han tenido que acompañarlo durante las polémicas, Syntek llega a uno de los momentos más vulnerables de la conversación. Cuando le preguntamos a quién siente que tendría que pedirle perdón por las consecuencias de sus decisiones y de su exposición pública, el cantante no duda en señalar a su familia.

“Principalmente a mi familia, a mi esposa, a mis hijos, a mi mamá”, responde. “Han sufrido mucho las consecuencias de tener un hijo famoso”. Reconoce que le duele que sus seres queridos hayan recibido ataques a raíz de noticias y comentarios relacionados con él. “Les pido perdón por hacerlos pasar estos momentos difíciles por tener un papá famoso”, añade.
En ese reconocimiento hay una diferencia importante respecto al personaje que suele aparecer en las discusiones digitales: aquí no está defendiendo una postura musical ni discutiendo con sus críticos. Habla como esposo y padre, consciente de que las consecuencias de la fama también pueden alcanzar a quienes no están frente al micrófono.
También habla del futuro de su hijo, a quien describe como un músico extraordinario, y del entorno en el que tendrán que abrirse camino las nuevas generaciones. Le preocupa que los artistas jóvenes sientan que deben perseguir una tendencia para ser escuchados.
En su conversación, Aleks Syntek no presenta la crisis como una historia con un final perfecto. Hay enojo, hay explicaciones que ofrece desde su propia perspectiva y hay una controversia pública que no desaparece porque él diga sentirse mejor. Pero también hay una idea a la que regresa cuando habla de lo que viene: la posibilidad de levantarse después de haber tocado fondo.
“Cuando ya estás en el piso, cuando te han tirado cuantas veces, lo único que continúa para mí es levantarme”, asegura. No es la primera vez que tiene que recomenzar, asegura, aunque esta vez lo haga bajo una atención mediática que convirtió su malestar en tema de discusión nacional.
Aleks Syntek habla quiere recuperar su paz
Al preguntarle qué le diría al Aleks de aquella noche, no habla de una estrategia para cuidar su imagen ni de una fórmula para evitar futuras críticas. Se recuerda que la vida cambia, que nada permanece igual y que no debe dejar de hacer aquello que siente verdadero.
“Yo le diría, Alex, acuérdate que la vida da muchas vueltas, que esto es por turnos, que un día te va bien y otro día te va mal, que nada es para siempre. Así que disfruta el proceso, sé feliz y no dejes de hacer lo que tu corazón te dicta”.
Su deseo es que el público vuelva a encontrarse con el músico, no solamente con el hombre que protagonizó una polémica. No pide que se borren las imágenes ni que todos compartan su versión. Pide que su historia no se reduzca a ellas.
Porque, después de tantos años frente a un piano y bajo los reflectores, Aleks Syntek parece estar intentando responder una pregunta distinta: qué queda de un artista cuando el aplauso ya no es suficiente y el ruido amenaza con ocuparlo todo. Su respuesta, por ahora, no está en una disculpa pública ni en una nueva canción. Está en la decisión de seguir adelante, cuidar a los suyos y volver a hacer música.
“Los que ya estuvimos en el infierno no tenemos miedo, porque ya estuvimos ahí”, menciona. Y después vuelve a la idea que hoy parece resumirlo todo: “Lo que queremos es paz”, finaliza.










