“Había que hacer algo para protegerlos”.
Cecilia Durán Gafo jamás había imaginado que dedicaría su vida a la conservación de los pingüinos.
Todo cambió cuando, hace 16 años, sintió un imperioso llamado en su corazón.
La mujer vive en la Tierra del Fuego chilena, en el sector de Bahía Inútil, llamada así por los exploradores debido a que sus aguas someras impiden la entrada de embarcaciones.
Los pingüinos rey (Aptenodytes patagonicus) habían llegado durante siglos a Bahía Inútil. Sin embargo, no se asentaban allí debido a la persecución de humanos y depredadores.
Entonces los esfuerzos de Durán Gafo permitieron que esta especie encontrara un espacio seguro y condujeron a algo sin precedentes: el establecimiento de la única colonia de pingüinos rey en Chile y la más cercana al continente.
La iniciativa de conservación privada que fundó, la Reserva Natural Pingüino Rey, es no solo un refugio para los pingüinos, sino también un proyecto de investigación científica, conservación de la flora y fauna locales y protección de seis sitios arqueológicos de Bahía Inútil.
En el camino hubo muchos obstáculos, pero, sobre todo, años de entrega, patrullajes a las 3:00 a.m. con un frío que “calaba los huesos” y un profundo respeto y amor por la naturaleza.
“La gente los correteaba y les ponían gorros y lentes de sol”
Durán Gafo nació en Puerto Natales. Tras casarse, se mudó a la estancia familiar donde vive actualmente, en tierras a orillas de Bahía Inútil, en el estrecho de Magallanes.
Hasta el nacimiento de sus dos hijas trabajó como maestra de jardín de niños. “En Chile le llamamos educadora de párvulos. Trabajé en Puerto Natales, y en Punta Arenas estuve 10 años en la Universidad de Magallanes a cargo del jardín infantil”, relata a BBC Mundo.
Si bien los pingüinos rey viven principalmente en islas subantárticas, hay numerosos registros de su presencia ancestral en Bahía Inútil.
“Hay registros arqueológicos de un punzón que está en el Instituto de la Patagonia, en Punta Arenas. Es un punzón hecho de un fémur de pingüino rey que data de más de 500 años, usado para trabajar cueros de guanaco. Quiere decir que convivían con las primeras etnias”.
La primera vez que Durán Gafo encontró pingüinos nidificando (su casa está a unos 20 km tierra adentro de la bahía) fue en la década de los 90. Pero poco después comenzó el acoso.
“Venían personas en las noches a buscar los pingüinos y, según los papeles, era para llevarlos a Japón con fines científicos. Después nos fuimos enterando de que muchos los vendían a muy buen precio a parques zoológicos o como mascotas”, cuenta a BBC Mundo.
Los pingüinos evitaron durante años Bahía Inútil, pero reaparecieron en 2010. Lo que podría haber sido una buena noticia se transformó rápidamente en otra crisis.
La presencia de las aves atrajo visitantes que comenzaron a maltratarlas, y de 90 pingüinos solo quedaban ocho un año después.
“La gente los correteaba, les ponían gorros, lentes de sol, se tomaban selfies. Alguien trató de meter un pingüino en el baúl del auto, otro de abrirle el pico y ponerle una pila”, recuerda.
“Y ahí sí que me enloquecí y dije: esto no puede ser. No se podía aguantar este tipo de cosas”.
“Yo sentía que en tierra estaban muy indefensos. Que por algo habían vuelto, algo nos estaban avisando, nos estaban diciendo: ‘Alerta, necesitamos protección'”.
“Pasaba horas sentada observándolos, congelada hasta los huesos”
En ese entonces, en 2010, Durán Gafo administraba un pequeño hotel en Puerto Natales, en la casa que fue de sus abuelos.
Pero no dudó en dejarlo todo. Convocó a una reunión familiar para hablar de los pingüinos, y cuando surgió la pregunta de quién haría algo para protegerlos, “¡Mamá!”, dijeron mis hijas al unísono.
“Me pescó eso además en una época difícil. Mis hijas estaban en la universidad. Nosotros le llamamos, cuando los hijos se van a estudiar, el nido vacío. Mi suegra había fallecido. Mi mamá era una persona de muy avanzada edad y al poco tiempo falleció. Entonces esto me dio un sentir, había que hacer algo”.
“Pero yo no tenía idea de pingüinos. Así que empecé a investigar”.
Cada día, con un termo y un sándwich, Durán Gafo comenzó a ir a la playa a cuidar que nadie molestara a los pingüinos.
“Pasaba horas sentada observándolos, congelada hasta los huesos. Yo tejo mucho, así que me traía mi tejido y ahí estaba todo el día. Y recogía basura, porque nos llega mucha, mucha basura de la bahía”.
Poco después compró una carpa. Y “luego un amigo que tiene una empresa de manutención de caminos me dijo: ‘Cecilia, no puedes estar así, te voy a traer un contenedor con un baño químico'”.
Al año siguiente, Durán Gafo cercó unas 30 hectáreas de su campo para transformarlas en una zona protegida, permitiendo a los turistas observar a los pingüinos, pero desde una distancia segura.
Y, junto a su amigo y biólogo marino Alejandro Kusch, comenzó un trabajo de educación de los visitantes.
Depredadores “sanguinarios”
Los humanos no eran la única amenaza para los pingüinos.
También había depredadores naturales voraces como el zorro gris y el visón americano.
“Los pingüinos están acostumbrados a tener amenazas en el mar, pero no en la tierra. El visón americano es super sanguinario, y va por los polluelos y los huevos”, explica Durán Gafo a BBC Mundo.
Ella y sus colaboradores comenzaron a hacer patrullajes durante la noche, en turnos de dos horas.
Para atraer a los depredadores, colocaban trozos de carne lejos de la colonia y utilizaban perros para marcar territorio.
“Yo siempre digo que la ronda de las 3 a las 5 a.m. era terrible. Pero yo igual salía bien abrigada”, recuerda.
“Hace un par de años trajímos unas fox lights (luces para depredadores) de Australia, que tienen como un sensor y luces y espantan. Hemos tenido muy buenos resultados”.
“La reserva es importante para la ciencia”
De aquellos primeros esfuerzos nació la Reserva Natural Pingüino Rey, que cuenta actualmente con un equipo estable de unas 10 personas, incluyendo biólogos, veterinarios y expertos en ecoturismo.
La reserva está abierta entre octubre y mayo y se financia principalmente con las entradas que pagan los cerca de 15.000 visitantes cada temporada.
Durán Gafo quiso además, desde un principio, que la investigación científica fuera una parte central de su iniciativa.
Hasta la reserva llegan investigadores alemanes, franceses y chilenos, entre otros. Y ella participó en varias ediciones del Congreso Mundial de Pingüinos que se celebra cada tres años. También estará presente en el que comienza el 31 de agosto en Australia.
“En la reserva estamos siempre dispuestos a colaborar con investigadores”, dice a BBC Mundo Maite Arriagada, veterinaria y directora de Investigación y de Difusión Científica de la Reserva Natural Pingüino Rey.
“En este momento existe un proyecto llevado por Robin Cristofari, de la Universidad de Helsinki, en conjunto con Klemens Pütz, del Antarctic Research Trust, que apunta a entender las ‘entradas y salidas’ de los pingüinos a la colonia y la genética de esta población”.
“Además, estamos colaborando con Diego Landaeta, de la Universidad de Chile, para desarrollar un estudio de hematología y estrés en pingüino rey”.
“Y estudiantes, incluida yo, han realizado su tesis o práctica en la reserva para poder recibir su título profesional. Sus carreras fueron biología marina, veterinaria, biología, ecoturismo y técnico veterinario, entre otras”.
Con información de CNN










