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Vivir en la calle con la mente herida

En las calles de Chihuahua hay historias que transcurren entre el olvido, las adicciones y el dolor mental. Son en su mayoría hombres que alguna vez tuvieron una familia, un hogar, sueños y personas que los quisieron, pero que hoy sobreviven en banquetas, plazas y rincones de la ciudad, enfrentando una realidad que pocas veces se mira más allá de su apariencia o de su comportamiento. Algunos buscan en los solventes una calma momentánea; otros conviven con voces que aseguran escuchar, mientras el resto de la ciudad continúa su camino.

Tres historias, una misma herida: vivir en las calles de Chihuahua

Armando ya no recuerda su edad, pero conserva fragmentos de una vida en la que hubo una familia y una escuela. Julio, de 57 años, perdió a sus seres queridos en medio de las adicciones y encuentra tranquilidad frente a la Catedral Metropolitana. En el Centro también está “El Negrito”, como lo conocen los locatarios, un joven cuya historia permanece detrás de la inquietud y las reacciones que dificultan acercarse a él. Son testimonios distintos, unidos por una misma condición: vivir en la calle sin que se conozca con certeza qué atención necesitan ni qué posibilidades tienen de recuperar su bienestar.

CEDH: Vivir en las calles no borra la dignidad humana

De acuerdo con Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Chihuahua (CEDH), toda persona tiene derecho a vivir con dignidad, lo que incluye el acceso a una vivienda adecuada, la salud y la asistencia social. Desde una perspectiva humanista, las personas en situación de calle no pierden sus derechos por carecer de un hogar o recursos económicos; por el contrario, su condición exige una atención sensible, sin prejuicios ni discriminación, que reconozca su dignidad y condición humana.

Sin embargo, para quienes viven y sobreviven en las calles, estos derechos muchas veces permanecen lejos de su realidad cotidiana. Detrás de cada persona hay una historia, necesidades y una vida que merece respeto, protección y oportunidades. El desafío para las autoridades y la sociedad es transformar el reconocimiento de sus derechos en acciones concretas que les permitan acceder a una vida digna, sin que la pobreza o el abandono los conviertan en seres invisibles.

El dolor invisible

Las cifras comienzan a revelar una realidad que va más allá de la falta de un hogar. Con información proporcionada a Entre Líneas, el número de personas en situación de calle identificadas por el DIF Municipal aumentó durante el último año. Además, estimaciones señalan que alrededor del 90 por ciento presenta alguna adicción asociada con afectaciones a la salud mental, aunque es necesario precisar la metodología de este dato.

DSPM: ocho de cada diez personas en situación de calle no son reclamadas por sus familias

El comisario de la Dirección de Seguridad Pública Municipal (DSPM), Julio Salas, señaló que solo dos de cada diez personas detenidas por faltas administrativas en situación de calle son reclamadas por sus familiares, quienes pueden autorizar su ingreso a un centro de rehabilitación.

En entrevista para Entre Líneas, lamentó que muchos hombres y mujeres enfrenten sus adicciones y la falta de un hogar sin el respaldo de sus seres queridos. “Hay un porcentaje muy alto de casos donde a la familia no le interesa el tema de la adicción y la situación de calle que vive el padre, hermano o hijo; en estos casos también pasa con mujeres”, expresó. Añadió que algunas de estas personas no son originarias de Chihuahua, lo que puede dificultar que cuenten con una red de apoyo cercana.

Ante esta realidad, Salas González informó que la DSPM firmó un convenio con el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Salud, para facilitar el acceso a la atención de las adicciones entre las personas en situación de calle. Explicó que las comandancias cuentan con celdas especiales para quienes, tras cometer una falta administrativa, no tienen familiares que acudan por ellos y deben permanecer hasta 48 horas bajo resguardo. Además, policías municipales reúnen donaciones de ropa para entregar prendas limpias a quienes llegan en condiciones de abandono e insalubridad. Más allá de la intervención policial, estas acciones reflejan una realidad que interpela a la sociedad: hay personas que, además de perder un hogar, enfrentan la ausencia de quienes podrían acompañarlas en el camino hacia una segunda oportunidad.

Es así que, detrás de cada cifra existe una historia que merece ser escuchada y una vida que no debe reducirse a sus circunstancias. La salud mental, las adicciones, la ruptura de los vínculos familiares y las dificultades para acceder a atención especializada forman parte de una realidad compleja que exige respuestas humanas e institucionales. Mirar a quienes sobreviven en las calles de Chihuahua implica reconocer su sufrimiento sin prejuicios, comprender sus necesidades y recordar que, aun en medio del abandono, toda persona conserva su dignidad y merece una oportunidad para recuperar su bienestar, porque es ese, su derecho humano.

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