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El 19 de mayo de 2014, Montserrat Oliver sufrió una de las pérdidas más dolorosas de su vida. Su mamá, Rosa María Grimau Sendra de Oliver, murió tras varios días hospitalizada.

“Los hospitales son como cajas de transporte a otros mundos, en este conocí a mi mamá y en el mismo la estoy entregando», escribía la conductora en aquel entonces, a través de su perfil de Twitter, hoy X.

Montserrat Oliver habla de cómo sufrió la muerte de su mamá

«¡Te adoro! ¿Cómo le voy a hacer sin ti?», añadió como pie de una fotografía en la que ambas se abrazaban. A casi una década de esta experiencia, Montserrat Oliver, platicó a Isabel Lascurain cómo vivió el proceso y después, cómo lo superó.

Admitió que cayó en una profunda depresión de la cual difícilmente logró salir. “(La mamá) es un cimiento que se te tiembla el piso cuando se va, con todo y que ya están grandes, es algo muy fuerte. Yo no aceptaba que tenía una depresión, pero se me quitaron las ganas de absolutamente todo”, comentó la exmodelo en entrevista para el canal de YouTube, Abre la caja de…

“Yo dije: ‘no le tengo miedo a la muerte, ya se fue mi mamá, ya me puedo ir cuando se me dé la gana. Nunca pensé en matarme, en quitarme la vida ni nada, pero decía yo ‘¿de qué se trata esta vida?’”, apuntó.

Volverse a enamorar no estaba entre sus planes ni tenía otros proyectos porque todo lo analizaba de manera negativa. “Que te vaya bien o mal, del trabajo (decía) cada vez será menos porque te vas a hacer más grande y luego te vas a hacer viejita… como que veía todo negro, ya no tenía ganas de nada ni de viajar ni de nada”.

Montserrat Oliver fumó el Sapo de Sonora y sintió que casi moría

La terapia psicológica le ayudó a salir adelante pero antes recurrió a una solución poco favorable cuando una amiga le recomendó el Sapo de Sonora, una fuerte sustancia alucinógena que se extrae del “Bufo alvarius”, nombre científico del anfibio que vive en el desierto de Sonora.

“Le dije ‘quiero ir’. Yo quería hacer de todo para ver qué me quitaba el dolor y me devolviera las ganas de, porque no pude con nada. Dicen que te mueres si te lo fumas. Yo me lo fumé sin saber a qué iba, sólo en la búsqueda de a ver qué. Te echan agua y no te dejan de tocar disque para que no dejes el cuerpo, pero yo me negaba, no me quería dejar ir porque al fin controladora y aparte sentía que se les había pasado lo que me habían dado y que si yo daba ese respiro que querían que yo diera, era mi último respiro y me iba a morir y tampoco me quería morir. Me decían ‘déjate ir’, pero yo pensaba que a éstos se les pasó, ni me oyen ni me entienden”.

Recordó que no estaba alucinando pero el universo, las estrellas y los planetas giraban muy rápido. “No se cómo explicarte, pero después de cuatro tratadas dije ‘no me van a dejar en paz si no me relajo’. No di el último aliento pero sí me relajé, me imaginé que estaba abrazada de alguien que quería y que nada iba a pasar, y ahí es donde me cayó el veinte”.

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