Hoy es 24 de Abril de 2024, Chihuahua, MX.

Graciela Iturbide no es muy creyente cuando de temas religiosos hablamos. Sin embargo, a lo largo de su trayectoria ha documentado los rituales y las tradiciones llenas de simbolismos durante las celebraciones de la Semana Santa. “Yo tengo muchas fotos que he tomado en diferentes pueblos. Voy y rescato todo lo que veo en los pueblos que los niños se visten de angelitos, las niñas de vírgenes, luego las visitas de la iglesia”.

Justo en estos días santos para los creyentes católicos, Graciela exhibe más de 200 obras que ha realizado a lo largo de su trayectoria en el Centro Cultural Fábrica de San Pedro en Uruapan, Michoacán. Retratos, postales de sus viajes por la India, Italia, Japón, España o Estados Unidos y capturas de animales -pájaros, sobre todo pájaros-, integran esta muestra que ocupará este recinto que forma parte de la Fundación Javier Marín.

En esta ocasión, la obra de la gran fotógrafa mexicana Graciela Iturbide está acompañada por un diseño del espacio y museografía a cargo del arquitecto Mauricio Rocha y con una sonorización del músico Manuel Rocha, ambos hijos de la artista. “A mí no me gusta implicarnos en mi trabajo, pero ya que se los invitaron estoy muy contenta y creo que habrá un buen resultado”, menciona.

Para realizar esta exhibición, fue preciso navegar en su archivo fotográfico. “No creas que siempre me da tiempo de imprimir todo, tengo mucho en mi archivo en mis negativos que están en mi casa, ahorita estamos en el estudio aquí están las fotos. Por eso habrá algunas fotos nuevas”, relata mientras tiene como fondo el entramado de tabique de arcilla que resalta del edificio.

“Hay fotos que uno dice, pero por qué la tomé qué horror. Uno va aprendiendo también viendo su archivo”, cuenta la fotógrafa sobre la experiencia de revisar el material del pasado en el que analiza la composición y, aunque generalmente respeta el negativo, piensa que podrá cortar algunas partes de la captura.”Es muy interesante, porque también se va formando otro momento de de creatividad. Siempre me sorprendo con la realidad, casi siempre tomo fotos y casi siempre me emociono. Me pasa lo mismo con mi archivo, pero con mi archivo soy más estricta”.

Las más de 200 piezas de Graciela se mostrarán en el Centro Cultural Fábrica de San Pedro en Uruapan, un espacio que ha concentrado sus esfuerzos en el trabajo artesanal, tanto en su promoción como en la formación de nuevos creadores. El estado de Michoacán se caracteriza justo por esta tradición de arte popular el cual va desde alfarería, hasta bordados y laudería.

––¿Es la fotografía un modo de artesanía?- Totalmente, todo lo que uno fotografía es un documento que puede ser poético, puede ser horrible, puede ser trágico pero, sobre todo yo que hago fotografía con rollos, revelado y contactos, es totalmente artesanal. Es muy artesanal hacer la foto en el laboratorio. Yo no tomo digital porque me gusta la primera sorpresa de salir a la calle y fotografiar y la segunda sorpresa de revisar mis contactos ”, explica, la gran heredera de la tradición fotográfica del siglo XX.

La cámara de Graciela siempre está a la mano, lista para hacer lo propio. Pocas veces no tengo ganas de fotografiar, “incluso en mi casa cuando veo que de repente entra el sol en alguna piececita prehispánica, o algunas plantas que de repente tienen una forma diferente, pues también lo fotografió. La fotografía es parte de mi vida”.

Del trabajo de Graciela son célebres sus retratos de vida cotidiana en Juchitán, o los retratos de la comunidad Seri en la serie Los que viven en la Arena. Le gusta que cuando se trata de capturar a personas sea más una colaboración. Evita a toda costa que sus imágenes muestren la miseria, la pobreza o escenas mórbidas y amarillistas. .

Ahora, debido a los conflictos del narcotráfico en las comunidades ha dejado de ir, incluso, por recomendación de los propios habitantes. Ahora tiene como tema la tierra, las rocas, los volcanes y aquellas materialidades vinculadas con el origen de la vida.

Pero si algo ha estado presente en la obra de Graciela desde sus primeras obras son los animales. Ahora mismo se hace acompañar por un perro de raza pequeña que merodea el espacio mientras transcurre la conversación. Algunas de las piezas que lo ejemplifican son una niña en la hamaca rodeada por una cabrita, las iguanas en la cabeza de una mujer, los gallos a los pies de un hombre o las parvadas de aves surcando el cielo.

Pájaros, sobre pájaros. A Graciela le gusta fotografiar pájaros. Al atardecer cuando se van en bandada a dormir o cuando en algunos pueblos de la India, los cuervos se acercan a las mesas a tomar la migajas o cuando una acelerada vaca interrumpe el descanso de una bandada de palomas.

––¿Cómo se explica ese gusto por las aves, qué le atrae de ellos para fotografiarlos- “La libertad, porque pueden volar. Bueno, claro que es una cosa muy mía, a lo mejor los pájaros ni son tan libres como yo creo”, finaliza.

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