Hoy es 13 de Julio de 2024, Chihuahua, MX.

América Latina está experimentando una fiebre petrolera a lo alto y ancho de su territorio. Mientras el mundo se esfuerza por reducir sus emisiones de carbono, los países latinoamericanos enarbolan su derecho a enriquecerse con el crudo, como han hecho antes otras naciones.

Inversiones en aguas mexicanas. El Golfo de México es una de las regiones más importantes del mundo para la producción de petróleo y gas natural. De la parte estadounidense sale el 15% de la capacidad de extracción de crudo de Estados Unidos, y de la parte mexicana, las reservas más importantes de México.

En los últimos años, el gobierno de México ha abierto su sector energético a la inversión extranjera, lo que permite la entrada de empresas internacionales para explorar y extraer crudo del golfo mexicano.

La española Repsol y la italiana Eni acaban de encontrar un yacimiento equivalente a 350 millones de barriles de petróleo en el pozo Yopaat 1. Se suman a los 1.300 millones de barriles que Eni ha descubierto en la zona.

La escalada del petróleo brasileño. En aguas del Atlántico menos afectadas por la temporada de huracanes, Brasil sigue aumentando su producción de petróleo; una maniobra que contrasta con el compromiso de emisiones netas cero que firmó ante la ONU.

Hay que remontarse a 2006, en la inauguración de la Plataforma P50, para oír a Lula da Silva, con las manos manchadas de petróleo, anunciando la independencia energética de Brasil. Casi dos décadas después, el país se ha convertido uno de los mayores productores de petróleo del mundo gracias a sus inmensos yacimientos del Atlántico.

Y sigue escalando posiciones. Petrobras, la compañía petrolera brasileña, está invirtiendo miles de millones de dólares en la exploración de nuevos yacimientos en el «margen ecuatorial» y la boca del río Amazonas, el mayor reservorio de agua dulce del planeta.

Un arma de doble filo. Con poco más de 800.000 habitantes, Guyana ha transformado su economía desde que ExxonMobil descubrió petróleo en sus costas en 2015. El PIB de Guyana creció un 33% el año pasado y ya es la economía de mayor crecimiento, según el FMI.

Se espera que Suriname experimente un impulso parecido tras el hallazgo de importantes reservas de petróleo en el llamado Bloque 52. Pero la fiebre del oro negro no se limita al Atlántico Norte: Argentina, Ecuador y Costa Rica también quieren expandir sus industrias petroleras.

Ahora, este auge económico basado en el petróleo plantea una duda razonable. Si el mundo cumple con sus objetivos climáticos y acaba electrificando el transporte y la generación de energía para reducir sus emisiones netas, ¿qué va a pasar con los países latinoamericanos que están apostando fuerte por el petróleo?

¿Se quedarán con las manos vacías y un montón de infraestructura inútil ante la esperable caída de la demanda de petróleo? ¿O es el mundo el que se está engañando a sí mismo con sus compromisos de emisiones netas y a los países latinoamericanos les toca disfrutan, como dicen, de su derecho a enriquecerse?

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