Jimmy Carter organizó una exhibición de patinaje sobre hielo en la Casa Blanca, y George W. Bush incluso organizó un partido amistoso de béisbol infantil en el número 1600 de la Avenida Pennsylvania, pero la posibilidad de combates de artes marciales mixtas en el Jardín Sur jamás habría surgido si otro presidente no fuera Donald Trump y si otro director de la UFC no fuera Dana White.
Cuando Trump, un antiguo seguidor de la promotora de peleas y amigo incondicional de su director ejecutivo, le propuso la idea a White en un evento de la UFC en abril, el combativo promotor afirmó que lo haría sin dudarlo.
“Él sabía que el día que me pidió que organizara este evento iba a estar presente y a cumplir”, declaró White a Forbes. “Me encantan ese tipo de cosas. Que me digan que no se puede hacer, que es un reto enorme, que nos va a costar un dineral. Que me digan esto, que me digan aquello. Con eso me toca lidiar”.
La gestión de White en la UFC se caracterizó por una audacia sin límites, impulsando a la compañía en los últimos 25 años desde un espectáculo secundario sangriento hasta convertirse en una potencia deportiva con ingresos de 1,500 millones de dólares. Pero Freedom 250, el 14 de junio (que no es casualidad que sea el cumpleaños del presidente Trump), es, incluso para sus estándares, “difícil a otro nivel”.
Información tomada de Forbes










