CARGANDO INFORMACIÓN...

Fernando Eimbcke: “Las películas deciden cuándo quieren ser hechas”

El director mexicano habla sobre Moscas, el azar, la infancia y la vida cotidiana como motores de un cine que encuentra lo extraordinario en los encuentros más simples.

Fernando Eimbcke vuelve al lugar donde todo empezó. No al cine, sino a una idea. Frente al Hospital 20 de Noviembre, en el Centro Urbano Presidente Alemán, señala los edificios como quien reconoce una vieja fotografía. Hace más de dos décadas, detenido en el tráfico de avenida Coyoacán, leyó un anuncio que decía: “Se rentan cuartos para parientes de pacientes”. Ahí nació una historia que tuvo que esperar veinte años para decidir que era tiempo de existir.

“La película no la decides tú”, dice con una sonrisa tranquila. “Las películas deciden cuándo quieren ser hechas” Ese principio parece gobernar también su manera de mirar el mundo. Eimbcke no busca héroes ni grandes acontecimientos; le basta con observar una ventana, un pasillo o una conversación.“Todas las personas somos extraordinarias, de verdad. Es cosa de rascar un poco”,

Moscas,su quinto largometraje, parte de esa premisa. Olga, una mujer encerrada detrás de una coraza construida por la pérdida, se cruza con un niño que necesita exactamente aquello que ella teme ofrecer: afecto. Es un encuentro improbable que termina por convertirse en una historia sobre la amistad y la posibilidad de volver a confiar.

MOSCAS_FTG_BERLIN_20260114_GRIS_1HL.jpg
Fotograma de la cinta Moscas. (Cortesía Mubi. )

Mientras habla, los aviones interrumpen constantemente la conversación. Él se ríe. Durante el rodaje sucedía igual: “Viene avión, corte. Ya pasó el avión, seguimos”. La anécdota termina convirtiéndose en una metáfora perfecta de su cine. Hay planes rigurosos, horarios imposibles y apenas cinco horas diarias para filmar con un niño. Siempre hay que dejar una puerta abierta para lo inesperado. “Nuestro mantra era hacer lo mejor que podamos con lo que tenemos.”

Eimbcke confiesa que no pertenece a esa clase de directores que imaginan una película completa antes de filmarla. Su escritura es casi minimalista: “Juan camina. Punto. Juan toma un café. Punto”. La película aparece después. “No tengo mucha imaginación para escribir guiones. Voy construyendo la película en la locación, conociendo a la gente y estando abierto al azar”.

EIMBCKE_SIN-4.png
Fernando Eimbcke, cineasta. (Jonathan Saldaña. )

Quizá por eso sus personajes parecen personas encontradas en la calle más que figuras de ficción. La mirada proviene de un ejercicio que aprendió con la escritora Paula Markovitch: salir a observar desconocidos e imaginar sus historias.

También la infancia ocupa un lugar central en su filmografía, aunque nunca desde la idealización. Para él, los adolescentes son personajes dramáticos porque “adolecen de algo”, pero trabajar con un niño le obligó a descubrir un lenguaje distinto.

Sonríe al recordar una frase de François Truffaut, : “Los niños son cineastas nativos”. Basta darles una acción concreta; el resto aparece con una naturalidad imposible de fabricar.

Esa búsqueda encuentra una nueva forma en el blanco y negro. Después de preguntarse en cada película si era el momento de volver a esa estética, la respuesta fue afirmativa gracias a una observación de la fotógrafa María Seco. “El blanco y negro iba a captar mejor la inocencia de la infancia”.

EIMBCKE_SIN-6-b&n.png
Fernando Eimbcke, cineasta. (Jonathan Saldaña. )

La afirmación rompe con una convención profundamente instalada: la de una niñez obligatoriamente colorida y feliz. Eimbcke prefiere mirar hacia los cuentos de los hermanos Grimm o las fotografías de Graciela Iturbide, donde la infancia convive con la oscuridad, la pérdida y la fragilidad sin dejar de conservar una luz propia. “Toma una foto de un niño, pásala a blanco y negro y vas a ver cómo aumentan el brillo de los ojos y la sonrisa”.

Moscas dialoga con Temporada de Patos, su ópera prima, hecha desde el impulso y la frescura. Llega después de veintidós años de experiencia y preguntas. Hay más exteriores, más caos y una mayor disposición a aceptar aquello que no puede controlarse.

https://youtube.com/watch?v=wtuCOy5ZW6A%3Fsi%3D6MrnVWCzHqOfXCSz

Eimbcke insiste en que el cine y la vida funcionan bajo la misma lógica: el azar da miedo, los vínculos implican responsabilidad y, sin embargo, son precisamente esos encuentros inesperados los que transforman todo.

“Cuando nos echamos la mano y nos involucramos, pasan cosas bonitas. Cada que generamos un vínculo nos damos cuenta de nuestra capacidad de amar”. Esa es la historia de Moscas, una película que esperó veinte años para recordarnos que basta abrir una puerta para descubrir que lo extraordinario está escondido en la vida cotidiana.

En otras noticias:

error: Content is protected !!