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Veterinarios diseñan un Netflix para perros

Veterinarios diseñan un Netflix para perros

Lo que arrancó siendo una investigación sobre la salud ocular de los perros, ha acabado convertida en una investigación para diseñar una especie de Netflix para chuchos.

Ante la imposibilidad de irles poniendo gafas con diferentes tipos de cristales, y que nos vayan leyendo letras y números, a la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Wisconsin-Madison, llegó a la conclusión de que había que inventarlse otra cosa. «Evaluar la visión canina es algo que ha faltado gravemente en la medicina veterinaria. El método que utilizamos actualmente tiene un listón muy bajo. En humanos equivaldría a decir si una persona es ciega o no», afirma Freya Mowat, oftalmóloga veterinaria, profesora del departamento de ciencias quirúrgicas, y una de las principales investigadoras del proyecto.

El equipo empezó a diseñar una estrategia basada en el interés de los perros por mirar una pantalla. «Utilizando un equivalente de tabla optométrica para perros, pensamos que los videos tienen el potencial de mantener la atención de un perro el tiempo suficiente para evaluar la función visual», señala Mowat. Sólo había que averiguar qué tipo de contenido quería ver un perro.

El resultado, publicado recientemente en la revista Applied Animal Behaviour Science, señala que lo que más le gusta ver a los perros son otros animales, y especialmente otros perros. Los tradicionales documentales de animales de La 2 también se encontrarían entre sus principales preferencias, así como los dibujos animados, sobre todo si sale otro perro, como podría ser Scooby Doo.

Para diseñar este Netflix perruno, Mowat creó un cuestionario, y que dueños de perros de todo el mundo informaran de los hábitos televisivos de sus mascotas. Los participantes respondieron sobre tipos de pantallas, interacción de los perros, edad, sexo, raza, lugar de residencia y, por supuesto, tipo de contenido. También proporcionaron descripciones del comportamiento de los animales cuando miraban los vídeos.

La mayoría describieron el comportamiento de sus mascotas como activo. Es decir que corrían, saltaban o incluso parecían querer interactuar con la pantalla, frente a una minoría que, simplemente, se acostaban y se sentaba a mirar como un adulto.

Los dueños de perros también tuvieron la opción de mostrarles cuatro videos cortos con una pantera, un perro, un pájaro y una carretera con tráfico. Y luego se les pidió que calificaran el interés de su perro en cada video.

Mowat recibió 1.600 respuestas de todo el mundo: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, la Unión Europea y Australasia, entre otros. Los resultados confirmaron la primera hipótesis: La edad y la visión estaban relacionadas con la interacción del animal.

El contenido de vídeo con animales fue el más popular, siendo otros perros, con diferencia, los más interesantes, seguidos de otros animales salvajes, y luego los gatos. Lo siguiente fueron los deportes de pelota, después los dibujos animados, y luego coches y camionetas en circulación, con menor interés de las bicis.

17 CATEGORÍAS

Otra de las conclusiones más llamativas es que los humanos no despertamos ningún interés en la programación, y quedamos descabalgados hasta el noveno puesto en una lista de 17 categorías.

Las investigaciones futuras, apuntan desde la Universidad de Wisconsin-Madison, se centrarán en poder evaluar los cambios en la atención visual a medida que esos mismos perros envejecen. «Sabemos que la mala visión afecta negativamente a la calidad de vida de las personas mayores, pero el efecto del envejecimiento y los cambios en la visión en los perros se desconoce en gran medida porque no podemos evaluarlo con precisión», explica Mowat.

Otro objetivo de Mowat es comparar cómo envejece la visión de un perro en comparación con la del humano o los humanos con los que comparte hogar. «Los perros tienen una esperanza de vida mucho más corta que la de su dueño, por supuesto, y si surgen factores ambientales o de estilo de vida que influyen en el envejecimiento visual, es posible que aparezca en nuestros perros décadas antes de que aparezca en nosotros», explica. «Nuestros perros podrían ser nuestros centinelas: el canino en la proverbial mina de carbón».

Con información de El Mundo

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