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Julio César: 21 años al límite entre fuego y vocación

Julio César Vázquez Perea lleva 21 años dentro del Cuerpo de Bomberos de Chihuahua. Ingresó a la corporación en 2005, cuando apenas tenía 20 años, motivado inicialmente por la invitación de un amigo cuyo padre también era bombero. Con el paso de los años, aquella decisión que comenzó como una oportunidad del destino se convirtió en una vocación que le ha dejado experiencias difíciles, sacrificios familiares, aprendizajes y también la satisfacción de servir a los demás.

Hoy, en el marco del Día del Bombero y en entrevista para Entre Líneas, Julio recuerda sus primeros servicios, habla de las emociones que existen detrás del uniforme, de los compañeros que marcaron su carrera y de la importancia de preparar a las nuevas generaciones de bomberos.

—Julio, tienes 21 años dentro de la corporación. ¿Qué te motivó a entrar al Cuerpo de Bomberos?

—Yo ingresé a la corporación en el año 2005. Mi ingreso fue meramente suerte del destino. Tenía un muy buen amigo que también es bombero y, cuando éramos jóvenes, a los 19 o 20 años, él me invitó a que nos inscribiéramos en la Academia de Bomberos.

Me hizo la invitación porque su papá también era bombero. Por las anécdotas y los comentarios que me hacía sobre lo que realizaba su papá, y porque cuando convivía con él veía que a veces llegaba o salía a trabajar, poco a poco empezó a llamarme la atención.

Después salió una convocatoria para la Academia de Bomberos y fuimos a inscribirnos.

—¿Era común que los jóvenes quisieran ser bomberos en aquel entonces?

—No. En aquel entonces había muy poca afluencia. No cualquiera quería ser bombero y no cualquiera se inscribía. De hecho, la primera vez que nos inscribimos se canceló dos veces la academia porque no se completaba el grupo.

Tenían que ser 30 personas y había alrededor de 21 o 22 aspirantes. Entonces, entre todos empezamos a platicar y a decir: “Inviten a sus amigos, inviten a sus vecinos, empiecen a difundirlo para conseguir el grupo”.

La academia se canceló un par de veces. Incluso recuerdo mucho a la licenciada Ramos, que estaba en Reclutamiento, en la Cuarta y Mina. Ella nos hablaba para invitarnos a la Academia de Policía porque nos decía: “No va a haber de bomberos, pero hay de policía”. Y nosotros respondíamos: “No, nos vamos a esperar a la de bomberos”.

—Entonces, desde el principio ya tenías claro que querías ser bombero.

—Sí, hubo quienes tuvimos esa convicción de que íbamos a ser bomberos.

—¿Cuántos años tenías cuando finalmente llegaste a la corporación?

—Tenía 20 años cuando ingresé.

—Ahora, después de 21 años de trayectoria, ¿qué significa para ti mirar hacia atrás y saber que prácticamente has dedicado más de la mitad de tu vida a esta profesión?

—Es algo muy significativo. Ha sido una trayectoria de mucho aprendizaje, de experiencias buenas y también difíciles, pero sobre todo de mucho compromiso. Es una profesión que termina formando parte de tu vida.

Tengo a mi madre, a mi hermano, a mis sobrinos, a mi esposa y a mis dos hijos, uno de 24 años y otro de 19. Y ellos también han sido parte de esta historia, porque una carrera como bombero no solamente la vive quien porta el uniforme; también la vive la familia.

—¿Recuerdas tu primer servicio de alto impacto?

—Sí, tengo varios recuerdos, pero hay uno que tengo muy presente. Yo estaba en la Estación Número Uno, en la calle Cuarta y Urquidi. En ese entonces había una unidad cisterna, una unidad de atención a fauna, con la que atendíamos todo lo relacionado con fauna y enjambres de abejas, y también estaba una de las primeras unidades de rescate que tuvo el Departamento de Bomberos.

Como novato me tocó estar en esa estación, en el turno dos. Yo todavía no tenía experiencia ni siquiera en lo más básico, como los incendios.

Un fin de semana, el encargado de la estación me asignó a la unidad de rescate junto con quien estaba a cargo de ella. Él ya tenía mucha experiencia, era paramédico, rescatista y había tenido muchas intervenciones.

Para mí iba a ser algo completamente nuevo.

—¿Qué ocurrió en ese primer servicio que recuerdas?

—Acudimos a la calle Flores Magón, casi a la altura de la calle 80, donde nos reportaron un accidente vehicular. Era un choque y había una persona atrapada dentro del vehículo.

Cuando llegamos, la persona ya se encontraba sin vida. Era un joven, muy joven.

Para mí fue algo muy impactante. Era uno de mis primeros accidentes vehiculares. Primero teníamos que garantizar la seguridad de la escena, evacuar a quienes todavía estaban lesionados y apoyar para trasladarlos a las unidades médicas mientras llegaban los servicios periciales.

Después llegó el momento de liberar el cuerpo.

Recuerdo que cuando estábamos realizando la maniobra para colocar al joven en una tabla rígida y posteriormente introducirlo en la bolsa, ocurrió algo que para mí fue impresionante. Fue una experiencia muy fuerte, sobre todo porque yo tenía apenas 21 años y estaba comenzando mi carrera.

—¿Ese tipo de experiencias cambian la manera en que uno ve la vida?

—Sí. Definitivamente. Hay servicios que se quedan contigo. Sobre todo cuando estás empezando y todavía estás aprendiendo a procesar emocionalmente lo que estás viendo.

—Quiero hacerte una pregunta muy sensorial. Cuando un bombero entra a un incendio, ¿qué se siente? Está el calor, el olor, el humo, la adrenalina. ¿Qué pasa por la mente de un bombero en esos momentos?

—Obviamente hay muchas cosas. Primero que nada tienes que ser profesional. Es algo para lo que estamos entrenados. Pero no dejamos de ser humanos.

Por más que queramos ser objetivos y enfocarnos en la emergencia y en lo que tenemos que hacer, siempre existe esa parte humana que inmediatamente relacionamos con nuestra propia familia.

Si nos reportan a un adulto mayor, pensamos: “Podría ser mi mamá”. Si nos reportan menores o niños en el interior, pensamos: “Podrían ser mis hijos”.

Y entonces haces todo lo posible por sacarlos con vida.

—¿Te ha tocado rescatar menores durante un incendio?

—En los 21 años que tengo de carrera como bombero, no sé si desgraciadamente o afortunadamente, nunca me ha tocado rescatar a una persona con vida del interior de un incendio.

Sí me ha tocado recuperar personas que ya habían fallecido, algunas calcinadas o intoxicadas por el incendio.

Pero sí me han tocado menores quemados. En esos casos me ha correspondido atenderlos en la ambulancia.

Yo también me formé como paramédico. Fui voluntario en la Cruz Roja de Chihuahua y, como paramédico, sí me ha tocado atender niños quemados.

Por más que uno quiera no involucrarse emocionalmente, es algo muy difícil. Uno siempre piensa que no quisiera que algo así le ocurriera a los suyos.

—Detrás del uniforme hay un hombre, un padre, un esposo. Tú además fuiste papá muy joven. ¿Qué te inspira todos los días para levantarte y salir a un trabajo donde sabes que puedes poner en riesgo tu vida?

—Yo fui papá muy joven. A los 21 años tuve a mi primer hijo.

El trabajo como bombero es un trabajo muy bonito y muy dignificante. Refleja buenos ejemplos y buenos valores hacia la familia y hacia los hijos, pero también es un trabajo muy sacrificante.

Yo les comento a mis compañeros que me perdí cumpleaños, Navidades y graduaciones de mis hijos por estar trabajando.

Pero ellos lo entienden. Gracias a Dios, mi familia siempre me ha apoyado, me ha entendido y me ha comprendido. Saben que el trabajo como bombero es mi pasión y que no lo dejaría por nada.

También trato de darles tiempo de calidad.

—¿Alguna vez has sentido que el trabajo te ha quitado momentos que no van a regresar?

—Sí, claro. Hay momentos que te pierdes y que no puedes recuperar. Pero también entiendes que estás haciendo algo que forma parte de tu vida y que tiene un propósito.

Yo me considero una de las personas que le ha dedicado mucho tiempo y mucho amor al Departamento de Bomberos.

Cuando empiezas a aprender, quieres estar en todas las prácticas, en todos los entrenamientos y buscas todas las capacitaciones que puedas para desarrollarte como bombero.

—Y ese compromiso te llevó incluso a salir del país para prepararte.

—Sí. Junto con otros compañeros desarrollamos el primer proyecto de la primera academia formal dentro de la Subdirección.

Para eso tuvimos que ir a Albuquerque y tomar una academia durante seis meses. Fuimos a formarnos como bomberos, aprendimos sus técnicas y habilidades y posteriormente trajimos todo ese conocimiento al municipio de Chihuahua.

La intención era que la Subdirección de Bomberos tuviera finalmente una academia formal, con una currícula, una malla temática e instructores capacitados y certificados para poder transmitir esos conocimientos.

—Después de todo lo que has visto y aprendido, ¿cómo calificas actualmente al Cuerpo de Bomberos de Chihuahua?

—Me atrevo a decir que es uno de los mejores cuerpos de bomberos de toda la República.

Hay mucho talento, mucha preparación y gente comprometida con seguir aprendiendo y preparándose.

—En 21 años también has conocido a muchas personas. ¿Quién fue el primer compañero que recuerdas especialmente?

—Desgraciadamente ya no está. Era el bombero segundo Luis Acevedo.Él falleció durante la pandemia. Se jubiló un año antes de que comenzara la pandemia y posteriormente se enfermó y falleció.

Lo recuerdo con mucho gusto y con mucho cariño porque fue el primer bombero con el que trabajé, con el que platiqué y quien comenzó a enseñarme lo que realmente significa trabajar en la calle.

—¿Qué dejó Luis en ti como bombero?

—Me dejó enseñanzas. Fue de las primeras personas que me ayudaron a entender que ser bombero no solamente consiste en ponerse un uniforme y acudir a una emergencia.

Hay que aprender, observar, escuchar a quienes tienen experiencia y estar dispuesto a seguir preparándose.

—Para terminar, Julio, ya existe una nueva convocatoria para quienes quieren convertirse en bomberos. ¿Qué les dirías a las nuevas generaciones?

—Primero que nada, les diría que no es fácil. La formación como bombero exige mucho estudio, mucha capacitación, mucho ejercicio y mucha preparación, tanto física como mental.

Para eso está la academia: para formar a los aspirantes y enseñarles todo lo básico.

Yo les diría que se animen y que se inscriban en la convocatoria.

Hay una frase que siempre he tenido muy presente: hay que ser personas funcionales. Y si esta es su vocación, o si simplemente tienen el interés de conocer qué hace un bombero, yo les aseguro que en cuanto empiecen su entrenamiento en la academia y conozcan todo lo que hace un bombero, se van a enamorar de esta profesión.

—Finalmente, ¿qué les deseas a tus compañeros bomberos en su día?

—Muchas felicidades a todos mis compañeros. Espero que disfruten, que se diviertan y que aprovechen todo lo que nos brinda y nos ofrece la Dirección de Seguridad Pública y el Municipio de Chihuahua.

Son muchos años de trabajo, de sacrificios y de historias. Para mí, ser bombero sigue siendo una pasión y una profesión que no cambiaría por nada.

¡Feliz Día del Bombero!

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