Hoy es 13 de Junio de 2024, Chihuahua, MX.

Después de cancelar de facto la misión Mars Sample Return y pedir ayuda al sector privado para traer de Marte las muestras que está recogiendo el rover Perseverance, la NASA se enfrenta a un creciente escarnio por las complicaciones del programa Artemis, con el que Estados Unidos pretende volver a la Luna y establecer allí una estación tripulada.

Las misiones Apolo eran sencillas en comparación con Artemis
El dueño de Pinboard, Maciej Cegłowski, publicó hace unos días una extensa crítica del programa Artemis en la que cuestiona cada uno de los componentes de las misiones de la NASA para volver a la Luna.

En lo básico coincide con un vídeo también muy difundido del ingeniero Destin Sandlin, del canal Smarter Every Day: las misiones Apolo eran relativamente simples en comparación con las misiones Artemis.Artemis III está programada para septiembre de 2026. Supone el regreso de Estados Unidos a la Luna tras la misión Apolo 17 de 1972, y pretende ser la primera vez que una mujer pise la superficie lunar.

El perfil de la misión es, efectivamente, bastante complejo:

Se lanzan cuatro astronautas al espacio con un cohete Space Launch System (SLS) de la NASA fabricado por Boeing
Los astronautas vuelan hacia la Luna a bordo de la nave espacial Orion de la NASA, fabricada por Lockheed Martin
La nave Orion entra en una órbita de halo casi rectilínea (NRHO) alrededor de la Luna para ahorrar combustible
Allí se acopla a una nave Starship de SpaceX, a la que suben dos de los cuatro astronautas de la misión con el objetivo de alunizar
Para llegar a la Luna, la Starship ha tenido que repostar combustible y oxidante en la órbita baja terrestre, lo que requiere al menos diez lanzamientos del sistema Starship-Super Heavy para transferir los propelentes
Después de alunizar, los dos astronautas están unos días en la superficie de la Luna antes de volver a la órbita lunar a bordo de la Starship
La Starship se acopla de nuevo con la nave Orion y los cuatro astronautas vuelven a la Tierra en la cápsula de la NASA
No hay un plan B, ya que el sistema Starship fue elegido como único módulo de aterrizaje para las misiones Artemis III y IV. Hasta que SpaceX no demuestre que es capaz de realizar la transferencia de combustible y el alunizaje de una nave Starship con seguridad, no habrá Artemis III ni IV.

Ni siquiera Elon Musk confía en que eso ocurra para 2026, así que la NASA está valorando alternativas, como convertir Artemis III en una misión sin alunizaje o ensayar el acoplamiento de la Orion con la Starship en la órbita baja terrestre.

Muchos vehículos implicados, y todos lejos de ser idóneos
La arquitectura-Frankeinstein del programa Artemis tiene su razón de ser. El cohete SLS proviene de un programa anterior llamado Constellation que fue cancelado. A pesar de que el cohete reutiliza componentes del transbordador espacial, es una de las partes más caras del programa.

Se estima que el coste de desarrollo del SLS es de unos 17.000 millones de dólares, y que cada lanzamiento del cohete desechable cuesta unos 4.100 millones. El coste total de Artemis III se estima entre 7.000 y 10.000 millones de dólares.
La nave Orion también deriva del programa Constellation. Fue diseñada originalmente para seis tripulantes, por eso es más grande y pesada de lo necesario. La Orion utiliza un módulo de servicio basado en la nave europea ATV, desarrollado por la Agencia Espacial Europea para el programa Constellation.

La Orion se insertará en una órbita NRHO alrededor de la Luna para ahorrar combustible, pero esto aumentará los tiempos y riesgos de la misión.

En cuanto a Starship, su desarrollo está siendo tan vertiginoso como el de cualquier otro programa de SpaceX. Pero la gigantesca nave-cohete fue originalmente diseñada para enviar cientos de toneladas de carga y tripulación a Marte, lo que, de nuevo, la hace extrañamente grande para estos propósitos.

La Starship es tan alta que los dos tripulantes tendrán que descender unos 40 metros en ascensor para llegar a la superficie de la Luna. Sus enormes dimensiones tendrán muchas ventajas para las futuras bases lunares, pero por ahora complican la capacidad de la NASA de aterrizar en la Luna y de hacerlo con suficiente combustible para despegar luego hacia la órbita.

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