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El municipio de Gladsaxe, 13 kilómetros al norte de Copenhague, instaló a finales de 2021 un nuevo sistema de iluminación vial en uno de sus distritos. Dicho sistema debía ser renovado, pero en esa ocasión decidieron hacerlo de una forma poco habitual, teniendo en cuenta no solo a sus ciudadanos, sino también a sus murciélagos. Concretamente, a una colonia de esta especie que vive en ella.

Las luces de las farolas fueron reemplazadas por bombillas rojas para conseguir una iluminación menos brillante y más inquietante, pero también más amigable para los murciélagos y otras especies de la zona. Este tipo de luz afecta menos a su comportamiento, según indicó el ayuntamiento en su comunicado de prensa.

Fotosensibles

No toda la iluminación vial ha pasado al rojo. Para ciertos puntos del trazado y sobre todo para cruces por donde pasan ciclistas, se mantiene la luz blanca o cálida tradicional, además de ubicarla en postes más elevados para garantizar la visibilidad. Para el resto de zonas, all-in al rojo.

Esta medida se inspiró en lo que una ciudad neerlandesa, Nieuwkoop, 43 kilómetros al sur de Ámsterdam, hizo tres años antes tras un estudio que revelaba que esta luz roja era poco o nada visible por animales fotosensibles como los murciélagos, según dijo Maurice Donners, científico especializado en iluminación, en una entrevista en Fast Company; mientras que las luces blancas o verdes interferían en su vida normal. Algo que tuvo en cuenta de cara a la reserva natural que existe junto a su vecindario, donde también hay especies de murciélagos en peligro de extinción.

Las luces de longitudes de onda cortas (azul, verde, violeta…) son las que tienen un mayor impacto en la actividad de estos animales; mientras que las de onda larga, como naranja o roja, interfieren menos en sus ciclos habituales, como la brújula interna de los murciélagos. Las luces tradicionales pueden afectar tanto al vuelo como a su comportamiento nocturno, o a las presas de insectos que se congregan alrededor de las luces artificiales.

En el caso de las luces de la ciudades neerlandesa, se contó con la ayuda de Signify (lo que era la división de iluminación de Philips hasta 2018) para conseguir luces rojas que cumpliesen con los mismos requisitos de brillo que los LED habituales, y así lograr que el ojo humano se adaptase a ellas de la forma más rápida y completa posible, según explicó Donners. «En dos minutos ya no te darás cuenta de que es de color rojo», explicó a Fast C0mpany.

En otros entornos podemos encontrar este mismo principio de la luz roja. La iluminación de los submarinos también es de este color, y en la electrónica de consumo, recientemente vimos cómo se presentaba el Apple Watch Ultra, un reloj orientado al deporte y las condiciones extremas, que incorpora un modo nocturno que hace uso de esta misma iluminación en rojo. Ideal para no deslumbrar y no cambiar la visibilidad nocturna para quien lo usa a oscuras.

Y así es como Gladsaxe y Nieuwkoop tienen una iluminación, vial y urbana, que refleja el pavimento en rojo. Tanto con la función directa para beneficiar a los murciélagos que también habitan en esas zonas, como con una función indirecta, más social: servir como un recordatorio permanente para que los transeúntes no olviden que se encuentran en un área natural que disfruta de una protección especial, por lo que su conducta en ella debería estar a la altura.

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