El suicidio es una de las principales causas de muerte a nivel mundial, y su impacto se extiende mucho más allá de la persona que lo lleva a cabo. Los sobrevivientes son aquellos que han intentado acabar con su vida pero que de alguna manera han logrado sobrevivir, enfrentan un desafío complejo y único. Después de un intento de quitarse la vida, las emociones pueden ser intensas y contradictorias. Pueden experimentar vergüenza, culpa, ansiedad y un profundo sentimiento de aislamiento. Sin embargo, lo que muchos no saben es que, aunque el camino hacia la curación puede ser largo y arduo, es posible reconstruir una vida llena de propósito y esperanza.
De acuerdo con cifras que comparte el Instituto Municipal de Prevención y Atención a la Salud (IMPAS) de enero a la fecha se han atendido mil 711 llamadas a la línea de atención a crisis que ofrece la dependencia las 24/7; de estas, mil 542 atenciones quedaron como orientación y 168 como contenciones psicológicas, es decir supervivientes.
Los supervivientes se convierten en personas a su vez especialmente vulnerables al suicidio. Según la OMS, por cada suicidio se producen otros 20 intentos afectando directamente a una media de seis personas del entorno.
También datos del IMPAS, revelan que las causas principales por las que una persona piensa en terminar con su vida, aunque es una situación multifactorial, están relacionadas principalmente con el aislamiento social y el uso indiscriminado de redes sociales. Esta información proviene de un proceso de investigación realizado por el IMPAS junto con la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde se destacó que la falta de convivencia social aumenta el riesgo de pensamientos suicidas.










