Agente de la DEA le vendió armas largas hasta a socios del Cártel de Sinaloa, dice Courier Journal

Agentes del Buró de Bebidas Alcohólicas, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos (ATF, por su sigla en inglés) investigaban a socios del Cártel de Sinaloa a través de dos de sus rifles de asalto semiautomáticos de alta potencia, pero lo que encontraron al final fue una enorme sorpresa: el vendedor de los rifles fue ni más ni menos que un destacado agente supervisor de la Administración de Control de Drogas (DEA), reveló la periodista de investigación Beth Warren en un texto publicado por el diario The Courier Journal.

De acuerdo con Warren, Joseph Michael Gill, quien estaba encargado de erradicar a los narcotraficantes en medio de la crisis de drogas más mortífera de Estados Unidos, ayudó a armarlos –al menos en Arizona y a través de la frontera con Nogales, México– durante algunas de sus 645 transacciones de venta desde un sitio digital especializado: Gunbroker.com, de acuerdo con lo que consignan registros judiciales.
En el texto titulado “Supervisor de la DEA se volvió ‘paria’ al vender rifles de asalto a asociados del cártel de Sinaloa”, la periodista expone que el también veterano abogado, al que en su tiempo en la DEA se le confió dirigir un equipo de alrededor de una docena de agentes, incluso se publicitó en los sitios web de Gunbroker y Backpage utilizando el número de teléfono que le había dado el Gobierno de Estados Unidos.

En una rara entrevista en febrero, Gill habló con The Courier Journal sobre el escándalo y su consiguiente renuncia a la DEA en 2018, lo que detuvo su carrera de 15 años. Gill insistió en que no hizo nada malo y dijo que su caso se destacó por una colisión de reguladores demasiado entusiastas y leyes de armas ambiguas. El fiscal dice que Gill evolucionó hasta convertirse en un prolífico traficante de armas y sus crímenes son más indicativos de cómo los estadounidenses, impulsados ​​por la codicia, ayudan a armar a criminales peligrosos en Estados Unidos y a los cárteles al otro lado de la frontera”, destacó Beth Warren.

“Los cárteles necesitan armas de fuego para apoyar su negocio”, le dijo Scott Brown, un agente especial a cargo de Investigaciones de Seguridad Nacional en Phoenix, Arizona. “Cuando encuentran personas que están dispuestas a violar flagrantemente la ley o a eludir la ley, o no practicar la debida diligencia, eso permite que los cárteles estén armados y tengan un impacto destructivo tanto en México como en Estados Unidos”, explicó Brown.

Al menos el 70 por ciento de las armas incautadas en México, incluidas muchas utilizadas por los cárteles en masacres, se fabricaron en Estados Unidos o llegaron a través de Estados Unidos, según la Oficina de Responsabilidad del Gobierno de Estados Unidos. Algunos funcionarios en México y agentes en Estados Unidos sospechan que el porcentaje real es mucho mayor, expone la reportera del diario, también conocido como el Louisville Courier Journal, un periódico que es parte de la red del USA Today.

Sin embargo, a pesar de todos los señalamientos, el exsupervisor de la DEA sostiene que su caso fue “muy político y no justo. Si no fuera un agente de la DEA, nunca me habrían atacado de la forma en que lo hicieron”, cita la periodista.

“Los 645 artículos que compré o vendí fueron en su mayoría partes y accesorios de armas de fuego, no todas armas de fuego”, argumentó Joseph Michael Gill sobre las ventas que hizo en Gunbroker.com, y que se detectaron entre 2000 y 2016. “Siempre estaba cambiando fundas, miras, ópticas, tácticas engranaje”, dijo el ahora exagente.

Beth Warren destacó en su investigación que Gill se declaró culpable en un tribunal federal en 2018 de un cargo de tráfico de armas de fuego y sin licencia –que fue la venta de los dos rifles de asalto provenientes de Kentucky– a los socios del Cártel de Sinaloa, y un tercer rifle con destino a México. Sin embargo, ahora insiste en que vendió las tres armas legalmente y sólo se declaró culpable porque defenderse en el juicio podría haberle costado más de 200 mil dólares.

Fuente: Sin Embargo