Huérfanos por feminicidios, los hijos de las víctimas están “olvidados” por el Estado

Han pasado más de dos años y medio desde que Verónica Guadalupe Benítez Vega fue asesinada por su esposo Luis Ángel Reyes, y el pequeño Rodrigo quedó al cuidado de sus abuelos.

Apenas tenía tres meses de nacido cuando el cuerpo de su mamá, una joven de 21 años de edad, recibió 17 heridas por arma blanca y golpes de un tabicón antes del mediodía del 6 de julio de 2017. Después fue abandonado sobre una calle de terracería de la comunidad San José El Vidrio.

Desde esa localidad perteneciente al municipio Nicolás Romero, Estado de México, el señor Jesús Benítez Estrada recuerda que el bebé gritó y lloró durante largo tiempo el día en que falleció “Lupita”. “Entre el llanto decía mamá, mamá, ya tan pequeño“, comparte.

Enseguida evoca: “Gracias a Dios logramos salir adelante y alcanzar justicia” porque al agresor de “Lupita” le otorgaron un sentencia de 62 años y seis meses de prisión durante una audiencia de apelación realizada en mayo de 2019.

Pero, desgraciadamente, ya no está con nosotros y tenemos que echarle ganas por el niño, por nuestro nieto, nuestro hijo, para sacarlo adelante“, comenta el señor de 51 años de edad.

La violencia en México ha propiciado una cantidad considerable de niñas, niños y adolescentes que quedan en condiciones de orfandad, abandono o en situación grave de vulnerabilidad durante los últimos 15 años, advierte.

En entrevista con Notimex, asegura que la situación para ellos empeora porque se carece de una política de Estado para asumir su protección, ofrécerles condiciones de seguridad, manutención o atención psicológica para afrentar su perdida familiar.

Incluso, argumenta, muchos de ellos corren el riesgo de terminar en albergues, centros o casas hogar. “Los menores han sido víctimas indirectas de la violencia y son revictimizados y abusados en algunos de esos lugares, precisamente por la falta de cuidado del Estado“, insiste.

Por| NOTIMEX