‘Luca’, uno de los encantos más puros y condensados de Pixar

Como una fábula dinámica, llena de sol y aventuras extraordinarias de personajes con identidades ocultas, Luca de Enrico Casarosa –un cuento de hadas veraniego y resplandeciente de peces fuera del agua– es uno de los encantos más puros y condensados de Pixar.

El estudio cinematográfico de animación se ha sumergido en las profundidades del mar antes con las acuáticas Finding Nemo (Buscando a Nemo) y Finding Dory (Buscando a Dory). Aguas ricamente detalladas han aparecido en muchas de las películas del estudio, del río rápido en The Good Dinosaur (El buen dinosaurio) a la costa espumosa de Piper. Una persecución alocada en París en Ratatouille, el diminuto chef Skinner cae furiosamente al río Sena.

Pero en Luca, estamos en el océano mirando con anhelo otro mundo: el nuestro. Luca Paguro (con la voz de Jacob Tremblay en el elenco original en inglés) es un monstruo marino de 13 años que vive cerca de la costa de la Riviera italiana. Es un chico campirano, como muchos otros protagonistas antes de él, que sueña con lugares prohibidos y diferentes, sólo que Luca pastorea salmonetes en vez de ganado en las pasturas bajo el agua. Para él, la superficie es un lugar mágico que no puede conocer y del que sólo ha escuchado rumores de su abuela (Sandy Martin), a quien callan rápidamente los padres protectores de Luca (Maya Rudolph y Jim Gaffigan).

Pero la curiosidad y los impulsos de otro monstruo marino más acostumbrado a la tierra, Alberto (Jack Dylan Grazer), obligan a Luca a nadar hasta la playa y llegar a la orilla. Primero ve cómo lo hace Alberto, y entonces supera sus nervios y la transformación es inmediata. Sus aletas se vuelven pies, su cola desaparece y un chico marino con piernas emerge del agua, cayendo rápidamente de bruces y brincando en el suelo como un pez.

Rápidamente aprende a caminar, y por medio de los ojos de Luca vemos las maravillas de vivir en la superficie como si fueran nuevas: el cielo azul, los árboles que se mueven con el viento, el pasto susurrante. Luca y Alberto (quien tiene un fuerte con tesoros que ha coleccionado) corren para divertirse como humanos. Luca, sin embargo, se siente culpable y dice a cada rato que está por salir corriendo de vuelta a casa. Pero no puede evitarlo. En Luca, la vida joven es toda una aventura.

Hay algunas cosas que desconocen. Alberto, quien es más confiado e imprudente que Luca, llama a un fonógrafo una “máquina mágica de la mujer cantante” y cree que las estrellas en el cielo nocturno son pequeñas anchoas relucientes. Pero están absolutamente seguros de algo: la Vespa es la mayor invención humana. Esto los lleva al cercano pueblo de Portorosso (el nombre parece un guiño a la gran película europea del Estudio Ghibli, Porco Rosso), una aldea italiana por excelencia con una fuente y un afiche de la película La Strada (La calle) de Fellini. Estamos a finales de la década de 1950.

Entonces se dan cuenta de un peligro inesperado. Portorosso está adornado con imágenes de monstruos marinos asesinados y sacrificados. El pueblo entero les teme, una preocupación inversa a la de la familia de Luca, que se estremece al pensar en “monstruos terrestres”. Revelar su verdadera naturaleza sería un suicidio y sólo requeriría un globo de agua o un poco de lluvia. Pero esto no impide que Luca y Alberto participen en un triatlón con la esperanza de ganar una Vespa, o que se hagan amigos de una chica del pueblo, Giuilia (Emma Berman), quien tiene un temible padre pescador (Marco Barricelli).

Sería fácil calificar a Luca, que se estrenó ayer en Disney+, como una cinta “menor” de Pixar. Sus imágenes, aunque seducen, no abren nuevos terrenos digitales como muchas otras animaciones del estudio lo han hecho. Tampoco hay un viaje existencial a la mente, más allá de la tumba o en el cielo. Sólo se trata de dos chicos madurando un verano soleado.

La modestia de Luca es parte de lo que la hace genial. Por mucho que la producción reciente de Pixar (Soul, Onward, Coco) haya sido audazmente conceptual, a veces se ha sentido como si el estudio y sus artistas estuvieran demasiado enfocados en entrar a un nuevo territorio narrativo. Luca, la película más corta de Pixar desde su primera (Toy Story), es directa y clásica. Se siente como una página salida de los Cuentos populares italianos de Italo Calvino.

La película de Casarosa viene y va como una suave brisa de verano, pero eso no impide que sea absolutamente encantadora y, para cuando llega su magnífico final, también se siente un poco devastadora. Con unos tiernos monstruos marinos que quieren hacer lo mismo que otros chicos, Luca encuentra una metáfora simple y hermosa para todos aquellos que, como ellos, sientan que tienen que ocultarse para encajar.

Luca, un estreno de Walt Disney Co., tiene una clasificación PG (que sugiere cierta orientación de los padres) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por humor pesado, diálogos, elementos temáticos y violencia breve. Duración: 95 minutos

Fuente: La Jornada