Ciudad de México. Don Arturo no duda en definirse como aficionado de futbol “de toda la vida” y americanista “de hueso colorado”. Como prueba, mantiene intactos en su memoria los recuerdos del primer mundial que disfrutó en televisión: México 1970, y también muestra con orgullo el escudo de su equipo en la manta donde está el menú de los tacos de bistec que ofrece cada martes y viernes en el tianguis de la colonia Alianza Popular Revolucionaria, en Coyoacán.
“Él solito” descubrió el futbol, narra, “desde que comencé a tener uso de razón, porque a mi papá no le gustaba, pero a mis hermanos sí. Lo practicábamos todos, pero unos le iban a los Pumas y otros le fuimos al América, ahí comenzó la polémica. Decidí irle al América por los jugadores que tenían entonces: Cristóbal Ortega, Carlos Reynoso, Gerónimo Barbadillo, Ítalo Estupiñán, Juan Manuel Borbolla, después Kalusha”.
Sus ojos se iluminan cuando recuerda a Juanito, la mascota del primer encuentro internacional de balompié que se realizó en el país. “¡Juanito 70 fue muy atractivo! Desgraciadamente no tuve una playera de esas porque era muy difícil por la economía de mi familia, ni para una clonada había posibilidades porque éramos muchos en casa y no alcanzaba el presupuesto para tanto”.
Sin embargo, 56 años después, don Arturo luce hoy la camiseta de la selección mexicana, más por sentimiento nacionalista que por esperanza de que le vaya bien al tri en la justa deportiva que está por iniciar.
“La tienen muy difícil. Les falta esa táctica europea que allá traen desde pequeños. Aquí nos falta la mentalidad que desde niños podemos formar futbolistas, irlos cobijando hasta que lleguen a ser profesionales, conocer cuál es el futbol que trae cada uno. En Europa los llevan de la mano. Por eso nosotros nos hemos quedado atrás. Pero somos mexicanos, ganemos o perdamos tenemos que irle a nuestra selección”.
Fuera de ello, don Arturo tiene a Portugal como su candidato para ganar la copa del mundo 2026: “Es una selección muy completa, hay jugadores muy destacados, con un juego impresionante, tienen esa mentalidad, ese arranque y empuje que nos falta”.
El marchante de los mejores tacos campechanos de la zona planea llevarse una tele para ver los partidos en su puesto y, por fortuna, descansa los jueves, así que verá la inauguración del mundial el próximo 11 de junio desde la comodidad de su hogar.
Ni siquiera rondó por su cabeza intentar adquirir entradas para el Estadio Azteca, que por cierto queda cerca de su zona de trabajo.
Esos boletos, lamenta, “son solo para turista extranjeros cuya moneda está más alta que la de nosotros y no salen tan perjudicados. Pero para nuestra moneda nacional los precios son carísimos. Es mucho dinero. Este es un mundial carísimo. Imagínese pagar un boleto en 100 o 150 mil pesos. No es posible.
“Los otros mundiales (en México) fueron totalmente diferentes. Hubo más ambiente, más emoción, porque los jugadores se entregaban con corazón, ahora ya todo es monetario.
“Por ejemplo, hay un chamaco que apenas comienza a destacar y lo elevan hasta que se cae solito porque no lo dejan ser. Las televisoras y los medios de comunicación los inflan. Los chamacos al principio tienen hambre de triunfo y no los dejan ser. Antes no, sudaban y defendían la playera”.
Como la autoridad que le da ser aficionado “en las buenas y en las malas” desde hace más de medio siglo, don Arturo le manda al director técnico Javier Aguirre del equipo mexicano un mensaje: “que impulse anímicamente a los seleccionados, se pierda o se gane, que dejen el corazón dentro de la cancha”.










