Luchadores mexicanos dejan el ring para vender comida en la calle por la pandemia de COVID-19

La pandemia del coronavirus detuvo el deporte y los espectáculos públicos en todo el mundo. En México una de los ámbitos más afectados fue el de la lucha libre, ya que los protagonistas del cuadrilátero aún no han podido retornar a su actividad y han tenido que buscar otras maneras de generar dinero para sobrevivir.

Ahora que no hay funciones en las arenas, sus ingresos se han reducido a cero y varios de ellos sólo viven de las donaciones que les otorgan los promotores para mantener viva la lucha libre y retomarla cuando las autoridades decidan que es momento de regresar; otros han emprendido pequeños negocios para obtener algunas ganancias.

Último Guerrero es uno de los grandes ejemplos de lo que ha sucedido en este sentido. Luego de la cancelación de las funciones, colocó un food truck de hamburguesas frente a su casa y convocó a sus seguidores para que lo apoyaran también en esta etapa de su vida.

“Todo se detuvo. Como todos los demás, tuve que hacer algo para sobrevivir”, explicó a Kate Linthicum, corresponsal en México de Los Ángeles Times, el gladiador que perdió la careta hace 6 años y que ahora se sabe que su nombre real es José Gutiérrez Hernández.

“Soy un súper fan”, declaró a la periodista uno de los seguidores que realizó un trayecto de hora y media solo para llegar al norte de la ciudad y probar el producto que elabora su gladiador favorito en sociedad con su esposa, la también luchadora, Lluvia. “Esto es ver a tu ídolo de carne y hueso”, agregó mientras Último Guerrero volteaba una carne en la parrilla.

Otro ejemplo de la difícil situación por la que atraviesan los luchadores mexicanos es Olímpico, quien tuvo que desistir de la idea de continuar en el ring para ganarse la vida vendiendo crepas junto con su esposa en un puesto en Tepito, una de las más populares y peligrosas de la Ciudad de México.

“Pensamos que éramos eternos. Nunca imaginamos que algo así podría pasar”, expresó el luchador, quien admitió que para sobrevivir tuvo que aceptar la caridad de los promotores: “Al principio pensé, ‘¿Cómo puede el Olímpico aceptar una limosna?’ Pero luego perdí mi ego. Me di cuenta: soy una persona que también necesita ayuda y tengo un cuerpo que también necesita descanso”, agregó en la entrevista para Los Ángeles Times mientras colocaba crema de avellanas, fresas y crema batida a una de sus preparaciones.

Fuente: La Opinión