Luna Azul: qué es y cómo verla desde México

Agosto será un mes de fenómenos astronómicos espectaculares.

Sin duda el más destacado serán las Perseidas, que alcanzarán este jueves 12 de agosto su pico máximo de actividad, durante el cual podremos ver más de cien estrellas cruzando el cielo cada hora.

Un poco antes, el 9 y el 10 de agosto, Marte se asomará en el firmamento y aparecerá en conjunción con la Luna, y después, será Venus quien se deje ver junto al satélite terrestre, el 11 de agosto.

Además, la NASA destacó en su sitio web un último evento muy especial que tendrá lugar este mes: la Luna Azul estacional.

¿Qué es la Luna azul?

El próximo domingo 22 de agosto podremos contemplar desde México la Luna Azul.

A pesar del nombre que recibe el evento, es importante aclarar que el satélite esa noche no cambiará de color, sino que mantendrá su gris perla habitual.

Desde la Nasa explican que se conoce como luna azul a un evento que es poco habitual. Normalmente, cada estación del año tiene solamente tres lunas llenas, pero a veces, en ese período de tiempo surgen cuatro.

“La luna llena del 22 de agosto es lo que se conoce como luna azul estacional’, ya que es la tercera luna llena de cuatro en esta temporada; normalmente, en cada temporada solo hay tres. Esto sucede cada dos años y medio a tres”, indica la NASA.

Aunque el 22 de agosto el disco del satélite se verá blanco, esto no significa que las lunas azules jamás hayan existido. A lo largo de la historia, numerosas poblaciones aseguraron haberla visto de ese color, pero la explicación es distinta.

“Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando la gente veía lunas azules casi todas las noches. Lunas llenas, medias lunas, lunas crecientes: todas eran azules, excepto algunas noches en las que eran verdes”, explica la NASA en su relato.Imagen del fenómeno Luna Azul desde Cholula, México (Foto: Twitter @mariana_rodba)Imagen del fenómeno Luna Azul desde Cholula, México (Foto: Twitter @mariana_rodba)

Un ejemplo fue en 1883. Ese año, una gran explosión sacudió a la India. El volcán Krakatoa había entrado en erupción. A 600 kilómetros de distancia, los pobladores escucharon el estruendo, que los científicos comparan con la detonación de una bomba nuclear de 100 megatones. Las columnas de ceniza que salieron del cráter se elevaron hacia la parte superior de la atmósfera, y la Luna se tiñó de azul.

El cambio de color del satélite se debió precisamente a la estructura de estas cenizas, compuestas de partículas de aproximadamente un micrón (una millonésima parte de un metro) de ancho. Este tamaño impide filtrar la luz roja, y deja pasar únicamente otros colores.

“La clave para tener una luna azul es tener en el aire muchas partículas un poco más anchas que la longitud de onda de la luz roja (0,7 micrones) y que no haya otros tamaños presentes. Esto es raro, pero los volcanes a veces escupen tales nubes”, explica la agencia espacial.

Así, durante años, los rayos blancos del satélite que brillaban a través de las nubes de ceniza “emergían azules y a veces verdes”. El sol en ocasiones parecía lavanda, mientras que por primera vez, se divisaron en el cielo nubes noctilucentes, de un tono azul eléctrico.

Después de aquello, otros volcanes hicieron que la Luna volviera a cambiar su característico gris perla. Es el caso del Chichón, localizado en el estado de Chiapas, México, que explotó en 1983. También del Monte Santa Helena, en el estado de Washington, EEUU, que entró en erupción en 1980, o el Mount Pinatubo, en las Islas Filipinas, que lo hizo en 1991.Luna Azul desde la Heroica Ciudad de Veracruz (Foto: Twitter Hugo Garrido/ @fotogarrido)Luna Azul desde la Heroica Ciudad de Veracruz (Foto: Twitter Hugo Garrido/ @fotogarrido)

Además de la erupción de los volcanes hay otro fenómeno que puede hacer que el satélite se tiña de azul: los incendios forestales.

De acuerdo a Sue Ann Bowling, profesora de física de la Universidad de Alaska, el 23 de septiembre de 1950 varias hectáreas que habían estado ardiendo de forma silenciosa en Alberta, se convirtieron en incendios “importantes y muy humeantes”.

“Los vientos llevaron el humo hacia el este y el sur con una velocidad inusual, y las condiciones del fuego produjeron grandes cantidades de gotitas aceitosas del tamaño justo (aproximadamente 1 micrón de diámetro) para dispersar la luz roja y amarilla. Dondequiera que el humo se despejara lo suficiente, el sol era visible. Era lavanda o azul. Ontario y gran parte de la costa este de EEUU se vieron afectados por el día siguiente, pero el humo continuó. Dos días después, los observadores en Inglaterra informaron un sol índigo en los cielos atenuados por el humo, seguida de una luna igualmente azul esa noche”, recordó la experta, según recoge la agencia espacial.

De esta forma, la Luna el próximo 31 de octubre sólo sería azul si se produce antes alguno de estos siniestros. Y dado el precio que hay que pagar, mejor que permanezca siempre en su precioso gris perla.

Fuente: Infobae