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Qué nos pueden enseñar los animales más viejos sobre la Tierra

Cuando nacieron los animales más viejos que han vivido sobre la Tierra, en Europa conhabitaban dos especies humanas y aún no había llegado ninguna a América. Todavía existían los mamuts y los tigres dientes de sable y el Sáhara era un vergel. Para estudiar aquel mundo extinto, contamos con una cápsula del tiempo en los hielos perpetuos que rodean el Ártico. Allí se han encontrado cadáveres de mamut y de leones de las cavernas que hacen pensar en la posibilidad de “resucitar” a estas especies, pero ningún animal había cruzado las decenas de miles de años que nos separan del Pleistoceno con vida.

La semana pasada, el Siberian Times dio a conocer el hallazgo de un grupo de investigadores rusos en colaboración con la Universidad de Princeton (EE UU). Después de descongelar y cultivar 300 muestras de gusanos atrapadas en el permafrost siberiano, observaron que en dos de ellas algunos de estos animales vivía. Las dataciones de carbono indicaban que una de las muestras, tomada en las inmediaciones del río Kolimá, tenía unos 32.000 años de antigüedad. La más antigua, recogida cerca del río Alazeya, tenía más de 41.000.

Los resultados del trabajo se dieron a conocer en la revista Doklady Biological Sciences, una pequeña publicación que traduce al inglés estudios rusos, pero se difundió por todo el mundo con rapidez. Aunque algunos investigadores han señalado la posibilidad de que las muestras estén contaminadas y la datación no sea correcta, algo que aún no han descartado del todo los propios autores, los expertos consultados por Materia no consideran imposible el resultado. José Pérez, investigador del CSIC en el Instituto de Biología Funcional y Genómica en Salamanca, afirma que “este tipo de nematodos se pueden congelar y se mantienen con vida mientras estén congelados”. Ann Burnell, de la Universidad de Maynooth, en Irlanda, también ve posible una supervivencia tan prolongada, aunque reconoce que el trabajo ruso es una confirmación práctica de los grandes períodos “que algunos gusanos especialmente tolerantes a la congelación pueden sobrevivir en un estado de animación suspendida”.

Por cada gusano que sobrevive congelado durante años o milenios hay miles que mueren

Los autores, liderados por Anastasia Shatilovich, de la Academia Rusa de Ciencias, apuntan a las implicaciones que su hallazgo puede tener para comprender mejor la criopreservación o la posibilidad de encontrar vida extraterrestre conservada en el agua congelada de lugares como Marte o la luna de Júpiter Europa. Además, según asegura Shatilovich, creen que en el futuro pueden encontrar otros pequeños animales “como rotíferos o tardígrados” conservados en el permafrost durante milenios.

Desde hace años, se fantasea con la posibilidad de congelar un cuerpo recién muerto por una enfermedad incurable y conservarlo durante décadas o siglos hasta que la tecnología permita resucitarlo. Algunos gusanos similares a los encontrados en Siberia se utilizan como modelos para comprender enfermedades humanas, pero su resistencia a la congelación no significa que lo que es posible para ellos lo será algún día para nosotros. “El que se pueda congelar un organismo y sobreviva depende de su complejidad”, apunta Pérez. “Con las bacterias es más fácil, pero en animales más grandes como los nematodos se alcanza el límite. Se ha intentado congelar moscas Drosophila, pero no es posible”, explica. Además, el investigador del CSIC señala otro detalle importante cuando se piensa en trasladar la idea de la criopreservación de gusanos a nuestra especie: “Nosotros congelamos miles y solo unos pocos sobreviven, alrededor del 0,01%”.

Adolfo Sánchez-Blanco, profesor de la Universidad de Hartford (EE UU) recuerda otra diferencia notable. “El ciclo de vida de C. elegans [otro gusano capaz de sobrevivir a la congelación durante mucho tiempo] incluye diferentes estados larvarios de menor tamaño que el adulto. Algunos de estos estados están altamente adaptados a la supervivencia extrema ante la falta de comida, sequedad ambiental, fluctuaciones de temperatura…. Cuando se procede a la congelación de C. elegans para su conservación, son éstos estados larvarios los que resistirán el proceso de congelación”, explica. “La criogenización humana en un futuro podría ser posible, pero hasta ahora no se han desarrollado las herramientas que permitan congelar un cuerpo humano y posteriormente descongelarlo sin provocar daños irreparables en células, tejidos u órganos”, concluye.

La recuperación de seres vivos del pasado también azuzó la imaginación apocalíptica y hubo quien se planteó la posibilidad de que con los gusanos del Pleistoceno reviviese también alguna enfermedad prehistórica letal. Rafael Cantón, jefe del Servicio de Microbiología en el Hospital Universitario Ramón y Cajal en Madrid, no conoce casos de microorganismos recuperados del permafrost que hayan supuesto una amenaza, pero sí cree que, sin alamar, “se deberían controlar este tipo de estudios”. Además, cree que puede resultar interesante buscar en las bacterias recuperadas “actividades metabólicas no conocidas o incluso nuevos antimicrobianos”.

Gusanos como los ‘C. elegans’ se han empleado para descubrir compuestos contra el envejecimiento

La utilización de gusanos como los resucitados en Rusia para comprender la biología en general y la humana en particular también está en la mente de los investigadores. Shatilovich cuenta que ya se plantean estudios para conocer las diferencias evolutivas entre estos animales nacidos hace 40.000 años y sus versiones más modernas. En la actualidad, los nematodos C. elegans son uno de los modelos más empleados en estudios biológicos. Aunque la tremenda resistencia de estos animales a la congelación puede no ser muy útil de momento para diseñar un sistema eficaz de criopreservación para humanos, sus cuerpos nos están ayudando ya a entender mejor el envejecimiento y tratar de combatirlo.

Patricia Martorell, responsable de la Unidad de Biología Celular y Molecular de Biópolis, una empresa biotecnológica que tiene su sede en Valencia, participa en ‘Ageing with elegans’, un proyecto de la Unión Europea que utiliza los gusanos para comprender los motivos del envejecimiento y tratar de combatirlo. “Nosotros estudiamos cientos de moléculas para ver cómo le afectan al gusano. De manera automatizada vemos si los gusanos envejecen más o menos y podemos seleccionar moléculas interesantes para humanos”, explica. “Hemos visto algunas moléculas que pueden funcionar en humanos, como la metformina, que se utiliza para tratar la diabetes y que prolongaba la vida a personas obesas que la tomaban”, añade.

Los gusanos, todos hembras, se continuaron reproduciendo sin necesidad de machos después de descongelarse durante más de dos años, según explica Shatilovich. Como en muchas ocasiones anteriores, este record de supervivencia en congelación vuelve a demostrar que la resistencia de los seres vivos a las circunstancias más extremas es mucho mayor de lo que se suele imaginar.

Fuente: El País