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Niños migrantes separados desconocen a sus madres


Una madre había esperado cuatro meses para abrazar a su hijito. Otra había esperado tres meses para volver a ver a su niña pequeña.

Cuando por fin la semana pasada tuvieron lugar las reuniones en Phoenix, Arizona, las madres se toparon con los llantos de rechazo de sus hijos.

“No me reconoció”, dijo con lágrimas en los ojos Mirce Alba López, de 31 años refiriéndose a su hijo Ederson de tres años.

Para Mirka Pablo, de 31, ocurrió igual. Su hija de tres años, Darly, gritó y trató de zafarse cuando su madre la abrazó.

“Quiero a Miss. Quiero a Miss”, gritó Darly, pidiendo a la trabajadora social del albergue donde había vivido desde que los agentes federales la separaron de su madre en la frontera surponiente.

Las reuniones entre lágrimas —ordenadas por un juzgado de California— se dieron mientras el Gobierno decía que liberaría en Estados Unidos a cientos de familias migrantes a las que pondría monitores de tobillo, retomando en términos prácticos la política de “capturar y soltar” que el presidente Trump prometió eliminar.

Funcionarios gubernamentales señalaron tener dificultades para cumplir con el plazo de este martes impuesto por el tribunal para reunir con sus padres a los niños de menos de cinco años; se esperaba que sólo estuvieran reunidos aproximadamente el 33 por ciento.

Las reuniones que tuvieron lugar fueron caóticas. En Phoenix, estuvieron marcadas por la confusión y el sufrimiento.

Mientras López y Pablo esperaban en una estación de autobuses para abordar uno en dirección oriente, sus hijos se referían uno a otro como hermanitos. Todavía no les decían “mami” a las mujeres que los abrazaban, acariciaban y daban de comer. Pero estaban más calmados, aseguraron las madres.

Darly, que antes de la separación ya sabía usar el baño, volvió a los pañales. Ederson saltaba en el regazo de su mamá y comía gustoso Doritos. Todos los adultos tenían monitores de tobillo.

El proceso de reunión ha resaltado lo traumáticas que han sido las separaciones generadas por la política de cero tolerancia.

Los agentes fronterizos habían advertido a un padre hondureño que le quitarían a su hijo, dándole la oportunidad de explicarle al menor lo que ocurriría. El martes el hombre se veía resplandeciente mientras su niño hacía preguntas y jugaba con sus juguetes cuando los reunieron en una oficina federal de Michigan.

A un segundo padre no se le dio la oportunidad de decir a su hijo de tres años que los separarían, de acuerdo con Abril Valdés, la abogada de ambos hombres. El niño había dejado de hablar cuando fue resguardado por el Gobierno. Padre e hijo lloraron durante su reencuentro. El niño habló poco y se negó a aceptar juguetes o a bajarse de los brazos de su padre.

“Creo que todavía está en shock”, dijo Valdés, la abogada.