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Itzel Mar, secuestrada y asesinada en Veracruz, quería convertirse en nutrióloga y atleta

Cruz Itzel Nava Mar tenía 17 años cuando fue asesinada por secuestradores que la mantuvieron cautiva durante 37 días. La mataron porque su familia no pudo juntar la suma exigida por su rescate.

Sus restos aparecieron en un camino aledaño al municipio de Naranjos, su tierra natal, ubicada a unos 80 kilómetros del puerto de Tuxpan, en la región huasteca del estado de Veracruz.

Itzel Mar, como la conocían entre sus amigos, era madre de un menor de 3 años y atesoraba un un sueño: cursar licenciatura en Nutrición y paralelamente hacer mucho ejercicio y comer saludable para convertirse en un gran atleta del Fitness.

Solo si conocía la ciencia de los alimentos, contaría con el conocimiento para mostrar el cuerpo más definido en las competencias de culturismo. Y como nutrióloga también podría ayudar a mucha gente a recuperar la salud perdida por los malos hábitos.

Desde los catorce años, con una disciplina inquebrantable, se levantaba a las cinco y media de la mañana para prepararse la primera de seis comidas que hacía al día para mantener ocupado su metabolismo y no acumular grasas.

El ruido de la licuadora a la que echaba proteínas u otros suplementos, se escuchaba por toda la cuadra donde ella vivía. Entonces se sabía que la joven madre ya estaba iniciando su rutina para construir su físico y alcanzar sus metas.

Después de comer, escuchando música clásica, hacía ejercicio cardiovascular durante una hora y media. Paralelamente preparaba a su hijo para llevarlo al jardín de niños.

Luego del kínder se iba a su rutina más dura, dos horas en el gimnasio levantando pesas, jalando cables, alzando fierros y fortaleciendo cada parte de su cuerpo.

Sus manos -cuentan quienes le conocieron- contrastaban con la belleza de su rostro, éstas eran toscas y un poco rasposas por su trato diario con los fierros y aparatos del gimnasio.

La información para sus dietas y rutinas en el gimnasio las sacaba de tutoriales en que buscaba en Youtube. Tiempo de su vida era para hacerse cargo de su hijo, practicar deporte y realizar las tareas de la preparatoria, que cursaba los fines de semana. Cuando se la llevaron, estaba a días de acabar su curso y comenzar a buscar educación superior.

Sus amigos y conocidos, también asiduos al deporte, y que la acompañaban en su sueño por conquistar un título en alguna competencia de fisicoconstructivismo, la recuerdan disciplinada, alegre, por momentos seria por los problemas financieros en su familia, pues los negocios no andaban nada bien.

Ese fue uno de los grandes pendientes que le quedaron en la vida, subirse a una pasarela para mostrar la fortaleza de su cuerpo, producto de las horas en el gimnasio, los sacrificios en la alimentación y lucha interior contra las debilidades.

En Naranjos (20 073 habitantes) no hay cuadra en donde haya negocio bien puesto al que no haya llegado la mafia a secuestrar o a pedir la cuota.

En las calles de este municipio ubicado al norte del estado, la charla diaria gira en torno a la violencia y secuestros que no se denuncia. La violencia es palpable cuando un empresario baja cortinas por las extorsiones o cuando se sabe de otra familia que se exilia en Xalapa o Tuxpan para huir de la delincuencia.

En el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública a nivel municipal Naranjos, y los municipios aledaños, registran muy bajo nivel de denuncia de delitos de alto impacto, ante la desconfianza en la autoridad.

En este extremo del estado la infraestructura es poca, en kilómetros no hay fábricas, bodegas o centros de generación de empleos. La economía se soporta en los cítricos, actividades primarias y la migración.

Las vías de comunicación por tierra se muestran destruidas y con poco mantenimiento. En las carreteras de este lugar se puede andar durante horas sin rumbo fijo sin encontrar algún tipo de vigilancia o patrullas. Las autopistas construidas recientemente, más seguras y que ahorran tiempo, son costosas.

Los medios de comunicación no consignan a fondo los secuestros o cobros de piso. Es de alto riesgo denunciar a los grupos delincuenciales por pequeños que sean, y a la prensa le resulta más rentable documentar la violencia desde el enfoque del morbo que vende miles de ejemplares y rinde cientos de likes.

El último hecho de violencia del que se tiene noticia, es el secuestro de José Manuel Cristóbal Ramírez, de 24 años, originario de Naranjos, empleado de Petróleos Mexicanos, quien fuera privado de la libertad el pasado 31 de diciembre poco antes de las dos de la tarde en la gasolinera Dinora, ubicada sobre la carretera 180.

Los agresores lo interceptaron en ese expendio de gasolina, y le dispararon a su coche para detenerlo, pues puso resistencia a la sustracción. En el sitio únicamente se encontró el vehículo con impactos de bala.

De la misma forma -dice la gente en Naranjos, que no da sus generales por temor a represalias- se dio el secuestro de la joven Itzel Mar Betancourt, durante los últimos días del gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares.

Sujetos armados la interceptan cuando regresaba de recoger en el colegio a su hijo. Le dan el cerrón a su coche y ella no se deja someter cuando intentaron sacarla por una ventana.

Sus compañeros de gimnasio cuentan que en las piernas, era capaz de cargar más de 100 kilos en sentadillas; con los brazos, poco más de 40, entonces, su fuerza, pese a su corta edad, era notoria; y gracias a sus músculos pudo resistir el embate de los criminales que tuvieron que disparar para amedrentarla.

Fuente: Sin Embargo